Categories

The Boss: VALERIA DE LA TORRE, cuando ser fuerte es tu única opción

The Boss: VALERIA DE LA TORRE, cuando ser fuerte es tu única opción

VALERIA DE LA TORRE

Cuando ser fuerte es tu única opción 

(

VALERIA DE LA TORRE

Cuando ser fuerte es tu única opción 

)

Hay historias que admiramos no solo por lo que ocurrió, sino por lo que una persona decide hacer con ella. La de Valeria de la Torre es una de esas. Su manera de hablar sobre duelo, vulnerabilidad y fortaleza ha encontrado eco en quienes la siguen. Pero esta conversación no busca quedarse únicamente en el accidente. Queríamos conocer a la mujer que estaba antes, a la que tuvo que atravesar una pérdida enorme y, sobre todo, a la que está hoy: con los mismos sueños, una nueva realidad y una manera muy suya de entender lo que significa seguir adelante.

fotógrafias MARCELA TALAVERA

protagonista VALERIA DE LA TORRE

entrevista TAMARA LAU CORONA

 

L’BEAUTÉ: Has dicho que, a pesar de todo lo que cambió, en esencia sigues siendo la misma. ¿Cómo aprendiste a aceptar una nueva realidad sin renunciar a la vida que querías para ti?

VALERIA DE LA TORRE: Mi pérdida es muy visible, es física. Todos los días veo un cuerpo que se ve diferente, pero también cambió toda mi dinámica, cómo me muevo. Al ser una pérdida tan tajante, aunque yo quiera salir corriendo, no voy a poder porque ya no están mis piernas.

¿Cómo hago las paces con una realidad así? Desde la aceptación de decir: esto es lo que es. Por más que quieras negarte a esta realidad, querer cambiarla o regresar el tiempo es vivir en una fantasía de algo que no se puede hacer. Al inicio, creo que mucho por supervivencia, fue aceptarlo: no están, no van a volver. No es lo que yo hubiera querido, pero esta realidad ya llegó y no se va a ningún lado.

Yo tenía una vida que amaba profundamente. Siempre he sido una persona muy alegre, con muchas ganas de vivir, curiosidad, ganas de conocer y explorar. Cuando vino mi accidente, me negaba a renunciar a la posibilidad de una vida así porque ya la había conocido. Obviamente pasé por un duelo súper profundo, tenía el corazón roto. Desperté y mi primera reacción fue: “Mi vida se acabó”. Pero empecé a darme cuenta de lo cerca que estuve de no haber sobrevivido, que tenía a toda la gente que quería y que no tenía por qué enfrentarlo sola. Eso me dio esperanza para luchar, no por recuperar la vida de antes, sino por recuperar sueños que tenía desde antes y a los que sabía que podía volver a acercarme de una manera diferente.

Desde el día uno en el hospital ya me habían enseñado prótesis. Mi instinto de supervivencia fue: “Ah, perfecto. Perdí mis piernas, pero voy a tener unas prótesis. Cuando las tenga, aquí no pasó nada”. Obviamente después tuve que ajustar muchas expectativas, pero agradezco que la Val que quería sobrevivir se aferró a esa posibilidad. Mis ganas de recuperar movilidad y de sobrevivir me dieron la energía para atravesar todo ese camino.

Aunque quizá no llegó tan rápido como esperabas, esa expectativa sirvió como motor. Esa personalidad “luchona”, ¿la tenías desde antes del accidente?

Sí. Siempre fui una persona muy determinada y creo que mucho lo aprendí de las montañas. Hubo unos años en los que estuve muy involucrada en la actividad de alta montaña. Por ejemplo, subí al Pico de Orizaba. Es un ascenso de siete horas, las temperaturas están bajísimas, estás cansado, ves todo lo que te falta y te aferras a que quieres llegar. Te lo llevas paso a paso. Ahí siento que forjé voluntad.

También mis papás siempre me enseñaron a ser disciplinada, a ser constante. Todo eso me enseñó a hacer algo incómodo a pesar de que en ese momento no sea placentero, porque sabes que va a traer un retorno.

Después tuve esos dos días en el hospital de decir: “Mi vida se acabó”. Fue un lugar tan miserable y desesperanzador que dije: “No, yo voy a luchar”. Me aferré a mis sueños, a las posibilidades. Hubo parte de negación, parte de supervivencia, fueron muchas cosas, pero creo que es una decisión que tomas: esto llegó, ¿qué hago con lo que llegó? ¿Creo que mi vida se acabó o decido atravesarlo, ver qué puedo transformar y contarme la historia diferente?

Has hablado mucho sobre reconstruirte después de lo que pasó, pero ¿quién es la Val de hoy? ¿Qué partes de ti descubriste después del accidente que quizá antes no conocías?

En esencia creo que sigo siendo la misma persona porque sigo teniendo los mismos sueños. Mi personalidad es la misma: curiosa, extrovertida, aventurera, exploradora, muy positiva. Hay una frase que dice: “Eres fuerte cuando ser fuerte se vuelve tu única opción”. Para sobrevivir, ser fuerte en ese momento fue mi única opción. Ahora miro en retrospectiva y digo: “Wow, yo no me percibía como una persona fuerte, como una persona que podía superar esto”.

Todo lo que he vivido no es que me haya convertido en una persona fuerte, sino que me permitió ver una fortaleza que ya tenía. Ha sido una manera nueva de autodescubrirme. Ya me demostré que soy fuerte y eso genera más confianza, me siento más segura de mí misma. La reconstrucción vino más bien en cómo sanar un corazón roto. Todos hemos pasado por algo que nos rompe el corazón: una relación que se termina, un ser querido que se va. Mi reconstrucción ha estado en sanar mi mente y mi corazón. Pero no creo que sea una reconstrucción de identidad. Mi identidad la veo como la misma que siempre ha sido.

Te has convertido en un referente de fortaleza para quienes te vemos desde afuera. Pero ¿qué pasa en esos días en los que tú también necesitas romperte?

Yo creo que la fuerza es permitirte vivir todas esas facetas. Ser fuerte no es estar motivada y tener el 100% de energía todos los días. Es atravesar los días que te sientes triste, frustrada y también los días que te sientes feliz. Es transitar todas esas emociones y avanzar a pesar de ellas.

También he sido fuerte cuando mi energía está en un 50%, necesito llorar, necesito que me contengan y me permito hacerlo. Pero, a pesar de darme ese espacio, sigo avanzando, sigo presentándome a mi protetización, a mis terapias, a mi rehabilitación, a mi entrenamiento. La fortaleza viene directamente ligada a la vulnerabilidad. Es más valiente quien se permite sentir y atravesar esos sentimientos, porque es la única manera de sanarlos. Un corazón roto, un dolor, solo atravesándolo se sana.

¿Qué historia de Val te gustaría que conociera la gente más allá de las que ya conocemos?

Me gustaría que la gente, al conocer mi historia, pudiera convencerse de que la posibilidad de vivir una vida realizada, una vida feliz, es para todos, a pesar de las pérdidas que atravesamos. Aprender a resignificar un trauma y algo doloroso que vivimos requiere de ciertas capacidades que todos podemos desarrollar. Espero que, cuando vean lo que me pasó y cómo lo he encarado, encuentren en mi historia esas mismas posibilidades para sus propias vidas. Yo no siento que tenga un talento extraordinario. Me siento yo, me siento ordinaria y humana como todos.

En los momentos en los que te has encontrado más vulnerable, ¿qué haces para volver a ti? Te hemos visto entrenar, leer, cuidar tu alimentación… ¿Qué papel han tenido esos pequeños actos de autocuidado en tu proceso?

Muchísimo. Desde el ejercicio hasta cosas tan sencillas como agarrar un libro y leer. En este proceso ha sido vital la autocompasión que tengo conmigo.

Estoy frente a nueve meses de una protetización, un proceso de rehabilitación tan intenso y desgastante que, si no me doy pausas para descansar y despejar mi mente, no sería sostenible. Siempre he dicho que el ejercicio es un acto de amor propio porque, cuando muevo mi cuerpo, lo fortalezco. Caminar con prótesis es muy físico. Requiero tres veces más energía para moverme. Entonces, ¿quiero sufrir 100 metros o quiero disfrutar 100 metros? Si los quiero disfrutar, necesito un cuerpo fuerte.

Cuando me muevo, mi mente se despeja, aterrizo al presente. No estoy pensando en los pendientes ni comparándome en redes sociales; estoy presente en la repetición que estoy haciendo.

Los libros también se volvieron una manera de sanar. Durante los 15 minutos en los que abría un libro, podía desconectarme de mi historia y meterme en otra. Era darle una pausa a mi mente.

Parecen cosas chiquitas, pero necesitamos escuchar qué necesitamos para hacer sostenibles procesos largos y difíciles. Tú cuidas a la gente que quieres, y con quien más tiempo pasamos es con nosotros mismos. Hay que cultivar esa relación y darle la misma importancia que a las demás.

Este mes hablamos de inclusión. Desde tu experiencia, ¿cómo sientes que hemos avanzado como sociedad y qué crees que todavía nos falta para ser realmente inclusivos?

Yo percibo la inclusión como la generación de espacios para todos, en todas nuestras versiones. Lo que hace rica a la humanidad es justamente su diversidad. Si todos pensáramos igual, nos moviéramos igual, tuviéramos el mismo pelo, el mismo cuerpo, qué aburrido sería. La inclusión va más allá de si tienes una discapacidad o no. Se trata de crear un espacio de tolerancia y empatía con el ser humano que tienes enfrente. No importa cómo se ve, cómo se mueve, cómo piensa o qué preferencias tenga.

Creo que hay mucho miedo a las preguntas. Desde mi experiencia de vivir con una discapacidad, es natural que muchas personas no conozcan qué necesito, pero a muchas les da pena preguntar porque les da pena admitir que no saben.

Nunca se me va a olvidar que una de mis amigas, cuando íbamos a hacer un viaje juntas, me dijo: “Vale, tú dime qué necesitas. Enséñame tú”. Me encanta ese acercamiento desde la humildad y la curiosidad: “Yo no sé, pero enséñame. Quiero aprender contigo”. Muchas veces también hay miedo de incomodar. Y eso se resuelve con una pregunta que yo valoro muchísimo: “¿Necesitas ayuda?”. Yo te puedo decir sí o no. Y si la necesito, viene la segunda: “¿Cómo te ayudo?”. En vez de asumir, me lo preguntan y yo puedo enseñarles cómo ayudarme.