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Ana de la Reguera, She’s an Alfa

Ana de la Reguera, She’s an Alfa

ANA DE LA REGUERA

SHE’S AN ALFA

le soin noir

fotografía JESÚS SOTO starring ANA DE LA REGUERA editora en jefe STEPHANIE AROUESTY coordinación ALEXIS TAME Y KATHARINA SCHITTEK entrevista TAMARA LAU dirección de arte PAULA PRIETO estilismo DANIELA CORREA maquillaje BERE DE LA ROSA pelo ERICK MORENO asistente de estilismo REGINA MIRCOLI asistente de pelo SONIA TERRAZAS PURATA asistente de maquillaje FERNANDO ONGA video ALEJANDRO SANTOS locación UMA CASA

A 30 años de comenzar su carrera, Ana de la Reguera habla sobre aprender a disfrutar cada etapa, recuperar el poder de elegir y contar historias que importan. Con 12 Lunas como su próximo estreno y Tonale de Alfa Romeo acompañándola en su camino, celebra una forma de avanzar marcada por la libertad, la confianza y el movimiento.

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L’BEAUTÉ: Has construido una carrera entre México y Estados Unidos. ¿Qué tanto de México sigue presente en la manera en la que eliges tus proyectos y cuentas historias?

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ANA DE LA REGUERA: No lo intelectualizo tanto porque depende mucho del momento en mi carrera. Hay años en los que trabajo mucho en Estados Unidos y otros en México. Realmente elijo lo mejor para mí dependiendo de dónde estoy.

Lo que sí hago es que, como el 98% de las veces he interpretado personajes latinos en Estados Unidos, aporto muchas cosas que llevo de México. Hablo con los directores o con los actores sobre cosas que quiero cambiar, modificar o agregar, y trato de brindar a la producción información que a lo mejor ellos no tienen.

Me ha pasado entrar a un set, estar a punto de filmar y ver cosas equivocadas cuando supuestamente estamos en México: cosas hasta escritas mal. Y dices: “Híjole, yo aquí no soy ni la directora ni la productora para decirle al equipo de arte que cambie esto”. Sí lo he hecho, pero también tienes que cuidar mucho las formas.

También hay cosas sobre cómo se comportaría realmente una persona latina que intento aportar. Eso sí lo hago, pero no tanto al elegir un proyecto porque no estoy en un lugar en el que tenga tanta injerencia.

Cuando empezaste tu carrera, ¿sentías que había una idea muy clara de cómo debía verse o comportarse una actriz latina? ¿Cómo ha cambiado eso con el tiempo?

Creo que empieza más por ser mujer que por ser latina. Siempre ha existido un poco este prejuicio de que una mujer latina a lo mejor no está tan preparada o no es tan inteligente.

Afortunadamente eso ha cambiado mucho. Llegué a Estados Unidos hace 20 años y al principio de mi carrera sí trabajé con un par de directores que me trataron diferente y me hicieron sentir menos. En otras ocasiones fue completamente distinto. Cuando trabajé con Zack Snyder, por ejemplo, fue increíble; nunca me hizo sentir diferente a los demás.

Últimamente me ha tocado vivirlo cada vez menos. Incluso creo que ahora se ha convertido en algo positivo. Todo el esfuerzo que hemos hecho las mujeres y ciertos movimientos por buscar igualdad sí ha generado un cambio en cómo te tratan y en el respeto.

A veces es interesante ver cómo alguien te va a interrumpir y se detiene, o cómo está a punto de cuestionar una decisión que probablemente no le cuestionaría a un hombre. Hay tantas cosas que estaban en el ADN de esta industria que ahora ellos mismos empiezan a reconocer. Y eso se agradece, pero al final también es resultado de nuestro trabajo.

¿Qué mujeres han sido importantes en tu carrera y qué has aprendido de ellas?

Muchas. He tenido grandes ejemplos a lo largo de mi carrera. Desde Patricia Reyes Spíndola, que fue mi maestra de teatro, hasta Verónica Castro, con quien hice mi primera telenovela. Vi cómo se comportaba en un set, cómo trataba a la gente a su alrededor y a todo un crew. De ella aprendí mucho sobre cómo ser una líder. También tuve una maestra, Joan Scheckel, que fue muy importante cuando pasé de ser actriz a crear mi propio show. Fue una gran mentora para mí. Hay figuras que nunca he conocido, como Jane Fonda, Cher, Dolly Parton o Diane Keaton. Son mujeres con las que crecí y que, en su época, fueron rompiendo estándares. Las admiro, las leo y las sigo.

También aprendo de generaciones más jóvenes y de mis propias compañeras. Dolores Heredia, con quien he trabajado muchas veces, o Mayra Hermosillo, con quien trabajé recientemente y que ahora también es directora. Aprendo de todas las mujeres que respeto.

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Después de tantos años de carrera, ¿sientes que hoy tienes las riendas de tu carrera?

Es muy difícil tener las riendas de una carrera como la actuación porque definitivamente dependes de cien personas para que te den un papel. Más que sentir que tengo las riendas de mi carrera, siento que tengo las riendas de mi vida personal y, sobre todo, de mi salud mental. Creo que ahí está mi gran fortaleza. Esta carrera te da muchos “no”, mucho rechazo, competencia y también sientes la presión del tiempo pasando. Todo eso te puede volver loca, aunque tengas una carrera súper exitosa.

Yo trabajo mucho en estar enfocada en mi tranquilidad, en mi salud y en poder disfrutar mi vida a pesar de mi carrera. Tengo ejemplos muy cercanos de personas muy exitosas que veo que no la pasan bien, y pienso: “¿De qué sirve todo lo que te está pasando si no lo estás disfrutando?”

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Después de 30 años de carrera, ¿cómo has aprendido a vivir sus altas y sus bajas?

Las carreras tienen altas y bajas, siempre. Yo lo he vivido: tienes picos, tienes bajadas, vuelves a tener picos y vuelves a bajar. Yo siempre lo pienso como el nivel del mar. Puedes tener picos y montañas; lo único que quieres es no hundirte. Mientras estés bien, caminando, gozando tu vida y creando, estás bien. A lo mejor en ese momento no estás en el pico ni en la cima, pero al rato vuelves a subir la montaña y después la vuelves a bajar.

Qué padre estar en la montaña, tener la vista desde arriba y verlo todo, pero estar al nivel del mar también es increíble. Ahí estás con los pies en la tierra, estás grounded, estás con los demás y puedes crear más comunidad.

Para mí, bajar al nivel del mar es volver a reinventarte, volver a crear, regresar a tu origen. Y así es la vida. La gente que quiere estar arriba todo el tiempo siento que no celebra ni disfruta el resto de los momentos. Eso a mí me da pavor. Lo importante es no ahogarte. Y disfrutar también del nivel del mar.

¿Y cómo haces para mantener esa perspectiva cuando un proyecto no sucede o una oportunidad se va?

Es un trabajo. Cuando se te va una oportunidad, no te quedaste en algo que querías, no estás en el proyecto del año o en ese éxito del que todo el mundo está hablando, te puedes frustrar horrible. Yo también lo sufro, no es que no, pero trato de enfocarme en otras cosas. Pienso: “Ok, este momento lo voy a utilizar para crear y para prepararme para lo que viene. No voy a perder mi tiempo comparándome y pasándola mal”.

Cuando siento que me estoy comparando con alguien, siempre regreso a mí: “¿De qué te quejas? Tienes una vida increíble, mira todo lo que has construido, mira la gente que tienes y la gente que te ama”. Cada quien lo suyo. El sol brilla para todos.

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Después de tantos años actuando, ¿qué te sigue emocionando de contar una historia?

Más que meterme en la piel de alguien más, me emociona contar la historia. Me emociona que una historia que escribí yo o alguien más, que dirigió alguien más, finalmente se cuente. Es muchísimo esfuerzo llevar una idea hasta convertirla en realidad. Ser parte de crear algo que antes no existía es lo que más me emociona. Poner mi granito de arena en la creación de alguien más y pensar: “Mañana este personaje va a existir. Mañana vamos a contar la historia de esta mujer y ese mensaje puede ayudar a alguien, entretenerlo, divertirlo o hacer que se olvide de sus problemas durante un rato”.

Hay actores a los que les encanta perderse en un personaje. Yo lo veo diferente. Para mí se trata de llevarle a la gente algo que a mí me hizo feliz hacer. Es mi manera de aportar entretenimiento, fantasía, aventuras. Lo veo como darle algo al público. Para mí, son como ofrendas hacia afuera más que hacia mí.

Hoy se habla mucho del poder femenino. Desde tu propia experiencia, ¿qué significa hoy ser una mujer fuerte?

Para mí tiene mucho que ver con las nuevas generaciones. Me enseñan muchísimo porque yo todavía soy de una generación que creció, sobre todo viniendo de provincia, en un mundo hecho para los hombres. Yo tuve una especie de adolescencia muy tardía. Fue casi a los 36 o 37 años cuando empecé a darme cuenta del poder que tenía como mujer, de las cosas que ya había hecho y logrado y que no estaba aprovechando. Pensé: “Ya tengo toda esta experiencia, tengo esta capacidad y tengo que hacer algo con esto”. Ahí cambié muchas cosas de mi vida porque me tomó tiempo entenderlo.

Por eso me encanta ver a una mujer de 15, 20 o 30 años que ya lo entiende. Pienso: “Wow, ellas vienen con otra mentalidad”. Yo no me puedo hacer vieja en ese sentido, no por una cuestión de edad, sino de pensamiento. Quiero aprender de ellas y también quiero que ellas puedan verme y pensar: “Si ella lo hizo, yo también puedo”. Yo las empujo y ellas me empujan a mí.

También me interesa muchísimo que una mujer a los 70 años pueda levantarse un día y decir: “He vivido toda mi vida haciendo lo que los demás querían y nunca he visto por mí”. Que pueda reclamar ese poder en ese momento también me da muchísimo ánimo. Nunca es tarde.

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Tu próxima película, 12 Lunas, toca justamente algunos de estos temas. ¿Qué fue lo que te hizo querer contar esta historia?

12 Lunas es la ópera prima de Victoria Franco. Michel Franco es productor y yo también produzco la película. Se estrenó en Tribeca y en Guadalajara ganó Mejor Dirección y Mejor Fotografía. Es una película que habla mucho sobre la maternidad y la salud mental. Mi personaje, Lucía, vive en una sociedad que todavía la hace sentir incompleta por no ser madre. La juzgan primero por no poder serlo y después, quizá, por no querer serlo. Es una historia que me tocó mucho porque yo también he sentido ese juicio a lo largo de mi vida por el hecho de no ser mamá, y por eso me interesaba contarla.

¿Qué te interesaba explorar a través de Lucía?

El poder que ella vuelve a recuperar durante la película. La sociedad la critica, su marido la juzga, al igual que su familia y la gente con la que trabaja. Es una historia muy dura y ella atraviesa problemas de salud mental, pero en algún momento recupera el poder de decir: “Yo puedo tomar mis propias decisiones”.

Como mujeres apenas estamos aprendiendo muchas cosas sobre nuestro propio cuerpo y nuestra salud mental. Durante muchísimo tiempo la medicina se estudió a partir del cuerpo masculino y hoy seguimos entendiendo cómo las hormonas afectan a una mujer durante distintas etapas de su vida, desde el embarazo o la pérdida de un bebé hasta la menopausia.

También existe muchísima culpa alrededor de las mujeres. Parece que siempre hay algo que hiciste mal: tú fallaste, tú no pudiste. Esa presión está muy presente en la película.

Antes hablabas de la actuación como una manera de ofrecerle algo al público. ¿Sientes que 12 Lunas representa eso para ti?

Completamente. Para mí, estas son las historias que se convierten en esas ofrendas. Puse todo en este personaje para poder darle algo a las mujeres que han vivido situaciones similares. Creo que es importante visibilizar estas conversaciones: hablar de la maternidad, de las decisiones que tomamos las mujeres, de la salud mental y de todo aquello que durante mucho tiempo no se habló o no se estudió lo suficiente.

Como embajadora de Alfa Romeo, ¿qué fue lo que te hizo conectar con la Tonale?

Primero, me encanta la marca. Alfa Romeo siempre me ha llevado a esas imágenes de las películas italianas en blanco y negro con las que crecimos. Tiene esa sensación de lujo y comodidad, pero también de sofisticación. Y la Tonale me parece muy práctica para una mujer que quiere elegancia, pero también practicidad e innovación. Quieres algo cómodo, pero también bello.

¿Y qué es lo que más disfrutas cuando la manejas?

La sensación de que flotas. Para mí, ahí está la diferencia cuando te subes a un buen coche: no sentir la calle, poder relajarte, escuchar música y disfrutar la comodidad. No soy una experta en coches, pero sí soy experta en poder transmitir lo que siento, y esa es la sensación que me da.

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