The Boss: ANA JIMENA RAMÍREZ, el valor de permanecer
ANA JIMENA RAMÍREZ, el valor de permanecer
ANA JIMENA RAMÍREZ, el valor de permanecer
En una industria donde las tendencias cambian constantemente, Ana Jimena Ramírez, cofundadora de Sersana junto a Lety Román, ha demostrado que un método sólido siempre supera a una moda pasajera. En esta conversación habla sobre construir una comunidad, liderar una empresa durante más de una década y por qué enfrentar aquello que más nos incomoda también es parte del éxito.
L’BEAUTÉ: Hay muchísimas cosas que admiro de ustedes y de lo que han construido con Sersana, pero siempre ha habido algo que particularmente me llama la atención: la relación que tienen como socias. Han logrado construir una verdadera hermandad que pocas veces se ve en los negocios. ¿Cómo supiste que Lety era la socia ideal para ti y cómo han logrado construir una sociedad que funciona tan bien?
ANA JIMENA: Yo siempre digo que el primer acercamiento hacia una persona lo manda la tripa. Es algo muy instintivo que te hace sentir si conectas con alguien o si prefieres mantener cierta distancia. Con Lety fue inmediato. Desde el primer día hubo una conexión muy natural, una sensación de confianza y de pertenecer a la misma tribu.
Además, nuestra relación no empezó trabajando juntas. Tuvimos tiempo de conocernos como personas, de compartir intereses, de acompañarnos en buenos y malos momentos y de descubrir que teníamos una visión de vida muy parecida. Compartíamos la pasión por el ejercicio y por el wellness mucho antes de que fuera una conversación común. Hace veinte años hablar de comida orgánica, hábitos saludables o bienestar sonaba casi extraño.
Cuando decidí crear una plataforma de wellness, la primera persona en la que pensé fue en Lety. Conforme el proyecto fue creciendo entendimos que queríamos construir algo propio: un método que reuniera su experiencia en movimiento y personal training, nuestras prácticas de bienestar, la creación de comunidad y todo mi conocimiento en contenido y comunicación.
Pero si hoy tuviera que resumir por qué nuestra sociedad funciona, diría que es por el respeto. Nunca hemos querido competir, opacarnos o sobresalir una por encima de la otra. Entendemos que entre más brille Lety, más brilla Sersana; entre más brillo yo, más brilla Sersana. Esa admiración mutua nos ha permitido construir una verdadera hermandad y una confianza donde sabemos que, pase lo que pase, siempre vamos a estar la una para la otra.
Hoy el wellness está lleno de métodos, comunidades y filosofías de entrenamiento. Pero cuando ustedes comenzaron, esa conversación todavía no existía. En lugar de crear un estudio más, decidieron construir un método propio. ¿En qué momento entendieron que Sersana tenía que convertirse en algo mucho más grande que una serie de clases?
La verdad es que hoy nos da mucha risa, orgullo y gratitud ver cómo ha evolucionado la conversación. Si escuchas el discurso actual del wellness y del fitness en México, todo el mundo habla de métodos y de comunidad.
Lety siempre me dice que “querida comunidad” es mi frase, porque llevo más de doce años empezando así mis conversaciones.
No quiero sonar arrogante diciendo que Lety y yo inventamos los métodos o las comunidades, porque no es así. Lo que sí creo es que encontramos una forma muy específica de unir distintas disciplinas bajo una metodología con un propósito claro. Y eso toma tiempo. No fue un día que dijimos: “vamos a ponerle Sersana Method”. Detrás hay años de trabajo, prueba y error, observación y mucho aprendizaje.
Sersana Method sigue siendo un organismo vivo. Evoluciona constantemente y hoy ya no depende solo de Lety y de mí. Tenemos un equipo extraordinario de trainers que ha sido parte fundamental de ese crecimiento. Personas como Natalia Nallino, nuestra Master Coach, y muchos otros entrenadores han ayudado a perfeccionar el método durante todos estos años.
Pero, sobre todo, ha sido nuestra comunidad la que nos ha permitido seguir evolucionando. Las personas que llevan doce años entrenando con nosotros son el mejor termómetro para saber si el método funciona. Gracias a ellas hemos podido seguir afinando y confirmar que no solo transforma cuerpos, sino también vidas.
Justo lo dices: no solamente cambia cuerpos, cambia vidas. Durante muchos años el bienestar estuvo relacionado únicamente con el cuerpo. Antes de Sersana, el método era ir al gimnasio, hacer pesas o tomar una clase de pilates, pero la conversación dejó de enfocarse solo en la imagen y fue mucho más allá. ¿En qué momento te diste cuenta de ese cambio?
Yo creo que te das cuenta cuando lo vives en carne propia. A mí el ejercicio me ha salvado mil veces, en diferentes etapas de mi vida.
Cuando entiendes que bajar de peso o cambiar físicamente es simplemente uno de los muchos resultados del ejercicio —y que ni siquiera está entre los más importantes— cambia por completo tu perspectiva. Ahí entiendes por qué el movimiento tiene que ser un pilar del bienestar integral.
Todo lo que sucede a partir del movimiento regula muchísimo más que el cuerpo: tu estado de ánimo, el metabolismo, el sueño, la insulina y muchas funciones del organismo. Sí, uno de sus efectos secundarios es ayudarte a mantener un buen peso, pero ese no es realmente su mayor valor.
Hace mucho tiempo nosotras cambiamos el discurso de anti-aging por aging well, porque la longevidad no es otra cosa que prolongar el bienestar que tienes hoy. No trabajas para estar bien dentro de treinta años; trabajas para estar bien hoy. Hoy cuidas tu musculatura, tu densidad ósea, tu salud mental, tu sistema nervioso y también tu recuperación.
Por eso me da muchísimo gusto que hoy el mundo empiece a entender que todas esas piezas dependen unas de otras y no funcionan de manera aislada. No son tendencias; son hechos.
Cuando haces ejercicio únicamente para bajar de peso, es muy fácil frustrarte y dejar de hacerlo. En cambio, cuando entiendes todo lo que el movimiento aporta a tu bienestar, cambia por completo la conversación. Ya no se trata solamente de por qué nos movemos, sino de para qué nos movemos. Y eso me parece maravilloso.
Hoy vivimos en un mundo donde constantemente aparecen nuevos estudios, tendencias y formas de entrenar. Sin embargo, Sersana ha permanecido vigente mientras muchas de ellas van y vienen. ¿Qué hace que siga siendo diferente?
Yo creo que funciona.
Es un método que ha sido profundamente respetuoso con los tiempos, las formas y el cuerpo de cada persona. Cuando alguien entra a Sersana se siente seguro, sabe que está en un lugar donde lo van a cuidar y donde el entrenamiento está diseñado para fortalecer el cuerpo, no para lastimarlo.
Siempre hemos creído en el ejercicio inteligente. Muchas veces nos dicen que hay que innovar o seguir lo que está de moda, pero yo no creo que innovar sea hacer todo más extremo o mezclar ejercicios sin sentido. Eso no es innovación; muchas veces es irresponsabilidad. Las tendencias pasan, pero un método bien construido permanece.
También está la comunidad. En Sersana nadie te juzga por cómo te ves o por lo que llevas puesto. Es un espacio seguro donde puedes concentrarte en ti.
Por supuesto que observamos las tendencias y tomamos herramientas de distintas disciplinas cuando sabemos que funcionan. Nadie está inventando el hilo negro. Lo importante es cómo integras todo eso dentro de una metodología con un propósito claro.
Al final, creo que siempre nos hemos mantenido fieles a lo esencial. Hoy el tiempo que dedicamos a hacer ejercicio debería sentirse como un momento de bienestar, no de estrés. Si ese espacio te genera ansiedad o presión, tarde o temprano lo vas a abandonar.
Por eso creo que la diferencia está en hacer las cosas con responsabilidad, calidad y constancia. Seguir haciendo las cosas bien, incluso cuando los resultados todavía no llegan, es lo que hace que, con el tiempo, sí lleguen. Esa ha sido una de las grandes lecciones de Sersana.
Para ti como fundadora, ¿qué ha sido más desafiante: emprender o mantener y liderar una empresa?
Sin duda, mantener y liderar.
Ideas hay muchísimas. Emprender, aunque no es fácil, no es necesariamente lo más complicado. Si tienes una buena idea, normalmente encuentras la manera de ponerla allá afuera. Lo verdaderamente difícil es lograr que ese proyecto se sostenga en el tiempo.
Lo he platicado muchas veces con Ana Victoria, de Victoria147. Ser emprendedora no es lo más complejo; mantener una empresa viva es el verdadero reto. Pasas por pandemias, nuevos competidores, cambios económicos y transformaciones completas en la industria.
Una de las conversaciones que más hemos tenido Lety y yo en los últimos años es justamente esa: ¿qué priorizas? ¿Mantener una empresa grande, con varios estudios y muchos colaboradores, aunque implique un desgaste enorme? ¿O construir una empresa más pequeña, más personalizada, donde puedas dormir tranquila y enfocarte en lo que realmente quieres hacer? Es una decisión difícil porque también te obliga a preguntarte qué significa realmente el éxito.
Yo sí creo que la industria es cíclica y que eventualmente volveremos a valorar mucho más la experiencia personalizada, el entrenamiento de calidad y las relaciones de largo plazo. Mientras tanto, nuestra responsabilidad es seguir haciendo las cosas bien, mantenernos fieles a lo que creemos y construir un negocio que pueda sostenerse en el tiempo.
Si pudieras regresar el tiempo y hablar con la Ana Jimena de hace veinte años —o incluso con la que estaba comenzando Sersana—, ¿qué consejo te darías?
Me diría que fuera mucho más responsable con las cosas que no me gustan.
Creo que muchos de los errores de negocio de Sersana han venido de procrastinar o de delegar aquello que me incomoda. En mi caso, los números. Como sentía que no los entendía, era muy fácil hacerme a un lado y dejar esa parte en manos de alguien más.
Pero cuando explota la bomba, siempre regresa a ti. Y si hubieras enfrentado ese tema desde el principio, probablemente te habría costado mucho menos tiempo, dinero, esfuerzo y hasta salud.
También he aprendido que no debes delegar las cosas realmente importantes hasta que tú las entiendas al cien por ciento. Hay decisiones difíciles, como despedir a alguien, que durante mucho tiempo postergué porque me costaban muchísimo trabajo. Y al final terminaba haciéndolo años después, cuando el costo emocional, económico y operativo era mucho mayor.
Ese sería el consejo que me daría: no procrastines lo que te incomoda. Creo que eso aplica para todo. Entre más te incomode algo, más rápido deberías enfrentarlo. Ahí está el aprendizaje.







