The Boss: Entre chamarras, herencia y visión: el universo de DAN CASSAB
Entre chamarras, herencia y visión: el universo de Dan Cassab
Entre chamarras, herencia y visión: el universo de Dan Cassab
Dan Cassab, diseñadora mexicana y fundadora de su firma homónima, reflexiona sobre creatividad, emprendimiento y el poder de convertir una chamarra de piel en una pieza icónica, con memoria, estilo y carácter.
Hay marcas que nacen desde una estrategia y otras que se construyen desde la intuición. En el caso de Dan Cassab, el origen está profundamente ligado a la memoria: una infancia entre telas, referencias visuales y el entendimiento de que la moda también puede convertirse en una forma de identidad.
Hoy, la diseñadora mexicana se ha convertido en una de las favoritas dentro de la moda contemporánea. Sus chamarras han sido usadas por figuras como Hailey Bieber, Carin León, J Balvin y Shakira, mientras su firma continúa expandiéndose a nivel internacional con presencia en retailers como Free People y Kirna Zabête. En esta conversación con L’Beauté, Dan Cassab reflexiona sobre creatividad, emprendimiento y el camino detrás de una marca con ADN propio.
L’Beauté Antes que nada, me emociona y agradezco muchísimo poder compartir este espacio contigo. He sido testigo de tu camino y de cómo tu proyecto ha evolucionado a lo largo de los años. ¿Cómo recuerdas tus primeros acercamientos a la moda y qué parte de tu historia personal terminó por convertirse en el ADN de tu marca?
Dan Cassab Absolutamente todo. Desde que tengo memoria crecí en un entorno rodeado de telas, mezclilla y marcas. Mi vida siempre estuvo vinculada a la creación de prendas. No conocí otra cosa. Desde muy pequeña entendí que este universo formaba parte de mí.
Además, mi mamá me enseñó muchísimo sobre arte, estética y el valor de las cosas bien hechas. Esa combinación entre el lado creativo y la disciplina visual es lo que hoy define mi marca: hacer piezas que realmente estén bien construidas.
¿Hubo un momento específico en el que sentiste que tu proyecto dejaba de ser una idea para convertirse realmente en una marca?
Lo tengo clarísimo. Yo trabajaba en Televisa como directora de imagen y empecé a crear piezas únicas para artistas porque buscaban algo que no encontraban en ningún otro lugar. Ahí descubrí una necesidad: la gente quería piezas especiales.
Comencé haciendo chamarras de piel y entendí rápidamente que eran un objeto de deseo. Había algo poderoso en ellas. Todos querían una chamarra de piel clásica. Ahí encontré el producto héroe.
Cuando empecé a ponerle una etiqueta con mi nombre y la gente comenzó a pedir las piezas de manera orgánica, entendí que había una respuesta real y una oportunidad enorme.
Recuerdo perfectamente el lanzamiento de tu marca hace años. Había una sensación de grandeza desde el inicio. ¿Siempre tuviste claro que esto sería un proyecto grande?
Sí. No conozco lo pequeño. Soy una persona de todo o nada. Cuando hago algo, lo doy completo. Claro que entiendo que los procesos tienen su tiempo y que el crecimiento es parte del aprendizaje.
Hoy puedo decir que cada etapa ha sido enriquecedora, no solo para la marca, sino para mí. Construir una empresa también es un proceso profundamente personal.
La chamarra de piel se convirtió en el ADN de tu firma. ¿Siempre supiste que ese sería el corazón de la marca?
Siempre. Cuando estudias diseño normalmente piensas en crear una colección completa, pero yo quise hacerlo al revés: empezar por un producto héroe.
Yo veía cómo las mujeres aman ciertos objetos —zapatos, bolsas, accesorios— y siempre identifiqué una fascinación especial por las chamarras de piel. Ahí entendí que había un nicho que podía explorar.
Hay algo muy emocional en la piel. Tiene memoria, marcas, historia. ¿Cómo la entiendes tú como material?
Para mí es una segunda piel. Lo más bonito es que tenga grietas, líneas, marcas; que cuente tu historia. Una chamarra de piel puede pasar de generación en generación.
También entendí la complejidad detrás de trabajar con piel. No es como trabajar tela. Requiere artesanos especializados, familias que han transmitido este conocimiento durante generaciones.
Cuando descubrí ese universo en México, entendí que el reto era respetar esa tradición y al mismo tiempo introducir una nueva estética.
Tus diseños han vestido a muchísimas celebridades. ¿Recuerdas quién fue la primera persona que usó una de tus piezas y te hizo pensar “esto ya está pasando”?
Fue con J Balvin durante una etapa en La Voz México. Me pidió una chamarra igual a la que yo traía puesta y la necesitaba para el día siguiente.
Lo logré, y a partir de ahí vino una cadena increíble: Los Tigres del Norte, Maluma, Yuri, Bad Bunny, Mijares y muchísimos más.
Más allá de las celebridades, tu marca también ha encontrado un posicionamiento internacional importante.
Sí, y eso ha sido muy significativo. Hoy tenemos presencia en puntos de venta en Italia y en espacios donde se valora el lujo y las piezas bien hechas. Eso también es parte del crecimiento.
Hablando de posicionamiento, has trabajado colaboraciones con otras marcas. ¿Qué papel juegan estas alianzas en el crecimiento de una firma?
Son fundamentales. Las colaboraciones permiten cruzar audiencias. Cuando una marca comparte valores contigo, ambas partes se fortalecen.
Entendí que colaborar no se trata solo de visibilidad, sino de construir algo donde ambas marcas sumen valor.
¿Cómo logras colaborar con otras firmas sin diluir el ADN de tu marca?
Tienes que tener muy claros tus valores. Saber perfectamente qué sí va contigo y qué no.
No todo es una oportunidad, aunque parezca rentable. Puedes vender muchísimo en un día, pero si pierdes coherencia, comprometes el futuro de la marca.
Desde la música, el copy, las imágenes y el equipo, todo tiene que responder a la misma estética.
Tu estilo personal es muy reconocible y parece reflejarse completamente en tus prendas. ¿Cómo defines tu manera de vestir?
Mi estilo es ecléctico. Creo profundamente que no hay reglas. La moda es un juego y cada día puedes presentarte ante el mundo de una manera distinta.
Nunca me he limitado a pensar si algo “me queda” o “no me queda”. Lo más importante es cómo te hace sentir.
Eso también intento transmitir a través de la marca: libertad.
Mirando hacia atrás, ¿cuál ha sido el reto más grande de construir tu propia firma?
Ser emprendedora es una responsabilidad enorme. Tienes que convertirte en tu propio motor, tu propio porrista.
El trabajo más fuerte es interno. Nadie más que tú puede sostener tu visión todos los días.
También hay algo muy poderoso en entender que uno es responsable de sí mismo y de su propio camino.
Totalmente. Nadie te enseña eso. Crecemos pensando que alguien más es responsable de nuestras decisiones o emociones.
Pero cuando entiendes que todo depende de ti, cambia la forma en la que construyes tu vida y tu trabajo.
¿Qué viene ahora para Dan Cassab?
Estamos en un momento de expansión. Queremos construir más colaboraciones, más sinergias y seguir llegando a nuevas audiencias.
La intención es compartir desde un lugar genuino y seguir creando piezas que conecten emocionalmente con las personas.
Para cerrar, ¿hay una pieza que consideres la más especial dentro de tu historia?
La chamarra Elvis. Es una pieza icónica para la marca.
Tiene un valor muy personal porque nació a partir de una chamarra de mi abuela, algo que transformé y reinterpreté.
Eso resume mucho de lo que hago: tomar algo con historia y darle una nueva vida.





