Rosewood Mayakoba: un destino que se descubre con los cinco sentidos

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Rosewood Mayakoba: un destino que se descubre con los cinco sentidos

Stephanie Arouesty
Recientemente descubrí uno de los hoteles más espectaculares de México; el Rosewood de Mayakoba. Un santuario rodeado por manglares y lagunas en el corazón de la Riviera Maya, no es únicamente un resort frente al Caribe Mexicano; es un destino enfocado en consentir todos tus sentidos. Durante tres días, el lujo tomó otro nivel y se convirtió en una experiencia profundamente sensorial.


La vista: donde la naturaleza marca el ritmo
Todo comienza con los ojos. Después de hacer el check-in, llegas a tu villa en una lancha que navega en medio de los canales, donde se puede ver los manglares reflejándose sobre el agua, las suites del resort se encuentran ocultas entre la vegetación con el azul tan emblemático que caracteriza al Mar del Caribe de fondo. En este paseo por la laguna encuentras todo tipo de animales desde iguanas hasta distintas especies de pájaros, durante tu estancia vas a descubrir que el verdadero espectáculo nunca ocurre dentro del hotel, sino alrededor de él.
Al llegar a una de las 129 suites te espera tu mayordomo para darte la bienvenida a tu “casa” con alberca privada, un muelle con vista a los manglares de embarco y desembarco, baño con tina y regadera de exterior. Cada espacio ha sido creado para dar una experiencia de privacidad y conexión con el entorno natural. Además, el resort dispone de una colección de residencias ideales para viajar en grupos grandes.





El tacto: el lujo de volver a sentir
El tacto encuentra su máxima expresión en Sense, A Rosewood Spa, el cual está construido sobre una pequeña isla rodeada por agua y vegetación, el spa propone algo mucho más profundo que un tratamiento corporal: invita a desconectarse del mundo exterior por medio de un refugio inmerso en la naturaleza donde masajes, circuitos de hidroterapia, saunas y espacios de relajación crean una pausa necesaria. Entre sus rincones destaca el Jardín Sensorial Kuxtal, diseñado para meditar y reconectar con los sentidos.
La propuesta también incluye rituales inspirados en la tradición maya y experiencias creadas junto a Ground Wellbeing, que combinan ingredientes naturales con técnicas de bienestar integral.
Tuve la oportunidad de probar un tratamiento innovador y espectacular; Akbal -que significa “noche” en maya- Series, una experiencia nocturna en donde después de una inmersión en un baño de hielo en la terraza del cenote, pasas a una tabla flotando en la alberca y por medio de cuencos sobre tu cuerpo la terapeuta te ayuda a reconectar cuerpo y mente, estas inmersiones sensoriales combinan prácticas ancestrales, naturaleza y quietud, transformando el anochecer en un ritual de bienestar y descanso profundo.
La respiración consciente bajo las estrellas, yoga restaurativo y baños de sonido convierten la naturaleza en el escenario perfecto para descansar, respirar y volver a empezar.

El tacto: el lujo de volver a sentir
El tacto encuentra su máxima expresión en Sense, A Rosewood Spa, el cual está construido sobre una pequeña isla rodeada por agua y vegetación, el spa propone algo mucho más profundo que un tratamiento corporal: invita a desconectarse del mundo exterior por medio de un refugio inmerso en la naturaleza donde masajes, circuitos de hidroterapia, saunas y espacios de relajación crean una pausa necesaria. Entre sus rincones destaca el Jardín Sensorial Kuxtal, diseñado para meditar y reconectar con los sentidos.
La propuesta también incluye rituales inspirados en la tradición maya y experiencias creadas junto a Ground Wellbeing, que combinan ingredientes naturales con técnicas de bienestar integral.
Tuve la oportunidad de probar un tratamiento innovador y espectacular; Akbal -que significa “noche” en maya- Series, una experiencia nocturna en donde después de una inmersión en un baño de hielo en la terraza del cenote, pasas a una tabla flotando en la alberca y por medio de cuencos sobre tu cuerpo la terapeuta te ayuda a reconectar cuerpo y mente, estas inmersiones sensoriales combinan prácticas ancestrales, naturaleza y quietud, transformando el anochecer en un ritual de bienestar y descanso profundo.
La respiración consciente bajo las estrellas, yoga restaurativo y baños de sonido convierten la naturaleza en el escenario perfecto para descansar, respirar y volver a empezar.





El gusto: un viaje gastronómico sin salir del resort
En Rosewood Mayakoba cada comida cuenta una historia distinta. En Casa del Lago, la cocina mexicana contemporánea encuentra un equilibrio elegante entre tradición e innovación. Ingredientes locales, productos del mar y recetas reinterpretadas convierten cada plato en una celebración del territorio. En la noche, este restaurante se transforma en una elegante experiencia gastronómica italiana.
Frente al Mar Caribe se encuentra Punta Bonita, en donde podrás degustar ceviches, pescados al grill, pastas hechas en casa, arroces con mariscos y platillos hechos con ingredientes locales, todo frente a un paisaje que sin duda forma parte del menú.
Mientras tanto, Zapote Bar demuestra que la mixología puede ser tan gastronómica como un plato de autor. Sus cocteles, inspirados en ingredientes mexicanos y destilados artesanales, son una invitación a descubrir nuevos matices.
En “El Pueblito” puedes probar un menú más relajado en La Fondita conformado por tostadas que fusionan ingredientes gourmet con sabores muy mexicanos. Al salir puedes ir al santuario de mariposas que está a un lado, así como al cenote.
Una de las experiencias que más me sorprendió fue una cena en La Ceiba Garden & Kitchen, de alrededor de 20 personas en una mesa imperial con un menú de degustación inspirado en la cocina maya. Con un trío de fondo, los invitados pueden platicar y compartir los platillos que son family style y que el chef cuidadosamente diseñó para esta experiencia con productos del huerto orgánico que se encuentra dentro del espacio en donde se lleva acabo la cena, definitivamente un must.
¿Mi favorito? Agave Azul un espacio que fusiona sabores de la cocina china y japonesa, los sushis son un espectáculo, así como el arroz yakimeshi hecho al momento y los nigiris de la más alta calidad. Cuentan con una súper coctelería, así como sake hecho en México.






El oído: cuando la música encuentra el paisaje perfecto
A través de una meditación de copal y cacao, estableces intenciones personales mediante un viaje sonoro ancestral y una oración con semillas de cacao, junto a la quietud sagrada del cenote.
Por la noche el resort cambia de ritmo, la música en vivo comienza a llenar discretamente uno de sus bares mientras las conversaciones se mezclan con el sonido del hielo dentro de una copa perfectamente preparada.





El olfato: la memoria invisible
Antes de salir del Rosewood Mayakoba queda un último sentido por descubrir. El aroma de la madera húmeda después de la lluvia, la sal del Caribe suspendida en el aire, las notas botánicas del spa. El aroma de las flores tropicales que aparecen inesperadamente durante un paseo en bicicleta (la cual fue una de mis actividades favoritas del fin de semana).



Más allá del lujo
Rosewood Mayakoba no busca impresionar con excesos. Su mayor virtud consiste en hacer que cada huésped vuelva a mirar, escuchar, saborear, tocar y respirar con atención. En una época donde viajar muchas veces significa correr de un lugar a otro, este refugio propone exactamente lo contrario: detenerse, que hoy en día ese es el verdadero lujo, desconectar para conectar.

Más allá del lujo
Rosewood Mayakoba no busca impresionar con excesos. Su mayor virtud consiste en hacer que cada huésped vuelva a mirar, escuchar, saborear, tocar y respirar con atención. En una época donde viajar muchas veces significa correr de un lugar a otro, este refugio propone exactamente lo contrario: detenerse, que hoy en día ese es el verdadero lujo, desconectar para conectar.

FOTOGRAFÍAS por Stephanie Arouesty