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Paris Fashion Week Fall Winter 26

Paula Prieto
De Dior a Chanel, pasando por Miu Miu y Louis Vuitton, la temporada Otoño/Invierno 2026 en París exploró nuevas formas de reinterpretar el cuerpo, la naturaleza y los códigos históricos de cada maison. Entre tweeds deconstruidos, siluetas que reivindican la fuerza individual y paisajes casi futuristas, los diseñadores propusieron colecciones que dialogan con el pasado mientras redefinen el presente de la moda.
Jonathan Anderson está listo para reinventar Dior a su manera





Presentado en los jardines de las Tullerías, el desfile de Otoño/Invierno 2026 de Dior fue una declaración para Anderson de hacer que Dior dialogue con una audiencia más amplia y con referencias culturales más accesibles, alejándose de los gestos excesivamente archivísticos o de las colaboraciones demasiado elitistas con el mundo del arte.
El diseñador se inspiró en los parques y paseos públicos de los siglos XVIII y XIX: lugares donde la gente iba a ver y ser vista. “Era el momento de vestirse”, explicó. Y en ese sentido, no es tan distinto de lo que ocurre hoy. Algunas de sus referencias artísticas son La Grande Jatte de Georges Seurat o los lirios de Claude Monet, imágenes universales que no requieren una lectura especializada.
Las flores aparecieron flotando en el estanque del set y también en vestidos y zapatos. Las siluetas con volumen posterior, inspiradas en las figuras que caminan en la pintura de Seurat de 1884, dieron forma a chamarras con grandes moños en la espalda, abotonadas con botones diminutos que subían hasta el cuello. Era una exploración histórica que también conecta con el propio Christian Dior, quien retomó esas formas del siglo XIX en su línea “Zig Zag” de primavera/verano de 1948. Para Anderson, sin embargo, se trata más de una cita que de una reconstrucción literal.
Si su colección anterior funcionó como una prueba (demostrar que entendía y podía interpretar Dior) esta temporada habla de libertad. Por eso, la colección no se centró en cumplir con los códigos clásicos de la maison. Anderson interpretó la idea de lo francés gracias a Monet, y sus pinturas que se exhiben en el Musée de l’Orangerie, en una esquina de las Tullerías. Desde algunos asientos del desfile también se alcanzaban a ver monumentos como la Torre Eiffel o el Obelisco de Luxor en la Place de la Concorde: símbolos franceses que, de alguna forma, reflejan lo que también representa Dior.
Liberar a Dior de su propio peso histórico fue uno de los temas centrales. Las siluetas se expandieron: chamarras estructuradas que explotaban en olanes, vestidos de gala que parecían volteados o inflados por el viento, y reinterpretaciones del Bar jacket con volumen en la cadera o capas tipo millefeuille bajo, y abrigos peplum. Todo evocaba a Dior, pero sin referencias directas ni literales.
La colección reafirmó también las ideas que Anderson ya había introducido: nuevos tejidos, proporciones y contrastes. Hubo jacquards venecianos tejidos especialmente (que ya había explorado en su menswear en enero) encajes elaborados, bordados y mezclilla bordada. El propio diseñador lo describió como un juego entre lo “alto y lo bajo”, visible en faldas bordadas con volantes largos que parecían vestidos de gala deshechos, combinadas con chaquetas de punto de chenille.
En conjunto, la sensación es clara: Anderson está remodelando la casa y preparándola para reconstruirla a su imagen. Respeta la historia, pero no piensa quedarse atrapado en ella. Este desfile fue quizá la evidencia más clara de sus intenciones: abrir los muros de Dior y mostrar hasta dónde puede llegar.
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Para el Beauty Peter Philips siguió la misma lógica de naturalidad sofisticada. El director creativo e imagen de Dior Makeup, delineó los ojos con Diorshow On Stage Crayon en 099 Black, dejando trazos suaves en las esquinas y la línea de agua para lograr un efecto irregular y sutil. El hairstylist Guido Palau reforzó la inspiración de los paseos parisinos con colas bajas raya de lado y un acabado ligeramente despeinado, como si las modelos acabaran de caminar por un parque de París.






En Saint Laurent el lujo marcó el tono





El desfile de Otoño-Invierno 2026 de Saint Laurent, diseñado por Anthony Vaccarello, exploró la idea de la opulencia desde una perspectiva íntima y conceptual. El escenario evocaba el departamento de la rue Babylone que Yves Saint Laurent compartió durante casi 40 años con Pierre Bergé. Opulencia fue la palabra que Vaccarello utilizó para describir ese espacio cuyos objetos fueron subastados en 2009 por cerca de 400 millones de dólares.
Ese departamento no era simplemente un lugar para recibir invitados: funcionaba como una fuente constante de inspiración creativa. Yves Saint Laurent compraba una obra de Matisse y luego diseñaba un vestido inspirado en ella; era un intercambio creativo entre arte y moda.
Para esta colección, Vaccarello imaginó ese espacio completamente depurado. El set estaba prácticamente vacío, salvo por una escultura monumental de un torso en mármol. El original data de los siglos I o II, pero la versión del diseñador fue ampliada a una escala cinematográfica.
Ese juego de proporciones refleja también la evolución que Vaccarello ha llevado a su visión de Saint Laurent. Referencias artísticas, guiños históricos y conocimiento profundo del legado de la casa se entrelazan constantemente en su trabajo.
Como los aretes en forma de palomas que llevaban las modelos, el contorno brillante del pájaro con una gota de rubí colgando del pico; una referencia a Picasso.
La colección comenzó con una de las interpretaciones más depuradas del guardarropa femenino de Saint Laurent: el icónico Le Smoking. Vaccarello presentó versiones de estos trajes con proporciones renovadas muy fluido, sin forro, hombros marcados en tonos negros, azul marino y café glacé.
Si el diseñador suavizó lo estructurado en los trajes, también endureció lo delicado. Lo logró aplicando silicona sobre encajes de distintos tipos para darles una nueva resistencia, como si se tratara de lencería preparada para la batalla.
Algunas modelos llevaban abrigos de piel enorme con aire renacentista, ajustados con hebillas que recordaban dobles de cristal.
Las mujeres de Saint Laurent nunca fueron concebidas como frágiles, y la interpretación de Vaccarello mantiene esa idea de fuerza. Ya sea con encajes armados como armaduras o con sastrería aparentemente fluida pero precisa, las siluetas transmiten poder. Curiosamente, el desfile coincidió con el 60 aniversario de la primera vez que mujeres vestidas con traje caminaron por los salones de la maison, un gesto radical que redefinió el guardarropa femenino. Vaccarello no lo planeó conscientemente; simplemente siguió su instinto.

El beauty look evocó el glamour intenso de los años 80. Pat McGrath apostó por sombras en tonos joya con delineado dramático y labios rojos. El hairstylist Duffy complementó con chongos bajos pulidos, con raya de lado.






Pieter Mulier se despide de Alaïa con una colección de elegancia magistral





En una industria marcada por constantes cambios de directores creativos, pocas veces se presenta una colección sabiendo con certeza que será la última de un diseñador en una maison. Pero eso fue exactamente lo que ocurrió en Alaïa esta temporada: Pieter Mulier cerró su capítulo al frente de la casa tras casi cinco años de dirección creativa.
El diseñador belga deja Alaïa para asumir un nuevo reto en Versace en Milán, otra casa construida sobre la celebración del cuerpo femenino y el poder de la sensualidad. Según el propio Mulier, Azzedine Alaïa y Gianni Versace eran amigos, una coincidencia que hace que este relevo resulte aún más significativo. Su debut en la casa italiana está previsto para febrero del próximo año.
Antes de ese nuevo comienzo, Mulier tenía una historia que cerrar. Durante su paso por Alaïa revitalizó la marca fundada por Azzedine, recuperando elementos clave de su estética original de los años ochenta: las siluetas sensuales, el dominio del corte y una visión muy particular de la relación entre tela, cuerpo y movimiento.
En cierto sentido, el desfile cerró un círculo. Su primera colección para la maison, presentada hace años a la sombra de la casa histórica de Alaïa en la rue de Moussy, estaba cargada de homenajes. Ahora, tras temporadas de experimentación y expansión del universo de la marca, Mulier regresó a la esencia.
Las prendas se presentaron casi sin accesorios, siguiendo el estilo clásico de la casa. Solo aparecieron algunos guantes y zapatos de punta redonda confeccionados en malla brillante que evocaban directamente los años ochenta.
La colección fue, quizá, la más fiel al espíritu de Alaïa. Desde los vestidos de punto ajustados que abrían el desfile con una línea atlética y costuras que marcaban las caderas en un gesto característico del fundador hasta abrigos estructurados en velveteen de algodón, trajes de falda negra impecablemente cortados o vestidos fluidos en jersey y cuero de cocodrilo. Las referencias a distintas épocas del archivo de Alaïa se mezclaban sin esfuerzo, como si el tiempo no existiera.
Pero lo que realmente definía el espíritu Alaïa era la actitud: una mezcla de audacia, contradicción y seguridad absoluta. En un momento en el que muchas marcas apuestan por la acumulación de detalles y la complejidad, Mulier optó por lo contrario: eliminar todo lo superfluo y quedarse solo con la esencia. Rostros limpios, peinados hacia atrás y mujeres moviéndose con naturalidad.
A medida que avanzaba el desfile, las siluetas se expandían con abrigos en forma de trapecio y olanes dramáticos inspirados en el flamenco.
Dirigir Alaïa nunca ha sido una tarea fácil; el peso del legado es enorme. Pero después de cinco años, Mulier no tenía nada más que demostrar. Su interpretación de la casa dejó una huella clara: nuevas proporciones, materiales reinterpretados y una forma contemporánea de entender el ADN de Alaïa.
Ahora, para Mulier, llega el momento de pasar la página.







Nadège Vanhée pone a la mujer Hermès en primer plano




Hermès presentó un desfile donde la visión de Nadège Vanhée llevó la fuerza femenina al centro de la escena. La diseñadora transformó los cuarteles de la Guardia Republicana francesa en un bosque cubierto de musgo, recreando una escena de crepúsculo en pleno día: un gesto impresionante, pero natural para una maison que redefine constantemente los límites del lujo.
Vanhée tomó la idea de entre chien et loup, el momento del día en que todo cambia y los contornos se difuminan. Esa ambigüedad se reflejó en vestidos biker que abrazaban el cuerpo, abriéndose por un lado para revelar la piel, y en bodysuits, minifaldas y prendas de cuero que parecían una segunda piel.
El estilo de Nadège combina referencias deportivas y ecuestres con cortes precisos, telas elásticas y cueros ajustados. Sus mujeres se mueven como jinetes: fuertes, veloces y libres, con botas planas, pelo recogido y bolsos cerca del cuerpo. Para esta colección, la diseñadora refinó la visión: chamarras integradas en vestidos y siluetas estructuradas que acentúan curvas.
Los colores y materiales trabajan en conjunto: tejidos de punto ajustados, denim vino y amarillos brillantes, cueros con acabado iridiscente. Cada prenda es cambiante, flexible y vive bajo la luz. La mayoría de los estampados se eliminaron, salvo un motivo tomado de un carré de los años 60 diseñado por Cassandre, reinterpretado en pequeños vestidos acolchados, más como soporte para la silueta que como decoración.
Con esta colección, Vanhée reafirma su enfoque, un Hermès donde la mujer es moderna, poderosa y en constante movimiento, con un estilo que combina funcionalidad, artesanía y emoción en cada prenda.





Chloé celebra la artesanía y la emoción en su Devotion Collection





Chloé presentó The Devotion Collection, una propuesta de Chemena Kamali centrada en la artesanía, la emoción y el valor humano detrás de la ropa. La colección explora la idea de comunidad y busca reconectar la moda con el trabajo manual, las tradiciones y las historias que viven dentro de cada prenda.
Uno de los detalles más llamativos del desfile apareció en la cintura. Muchos looks estaban marcados por cinturones escultóricos con cabezas de caballo, un elemento decorativo cargado de simbolismo. El caballo,históricamente asociado con la libertad, la fuerza y el movimiento se convirtió en un motivo central de la colección. Además, el diseño escondía un guiño a la identidad de la casa: las patas del caballo formaban el nombre de Chloé, transformando el cinturón en un adorno que funcionaba casi como un talismán.
Las prendas exteriores aportan dramatismo a través de capas largas que caían suavemente sobre vestidos y faldas. Estas siluetas reforzaban la inspiración folklórica de la colección, evocando prendas ligadas a tradiciones y rituales. Su movimiento acompañaba el flujo de las faldas, creando un efecto de capas que enfatiza la sensación de dinamismo.
A lo largo de la colección, Kamali se mantuvo fiel a la feminidad relajada que ha definido a Chloé durante décadas. Telas vaporosas, bordados delicados y siluetas sueltas construyeron una estética bohemia que permite que las prendas se muevan con el cuerpo, manteniendo ese aire de libertad y naturalidad característico de la maison.
En esencia, la colección celebró el lado más humano de la moda: piezas donde el tiempo, el cuidado y la individualidad se hacen visibles. Las faldas tuvieron un papel central en este lenguaje visual. Con volantes y capas, desfilaron en tejidos ligeros como tul o en textiles de cuadros que reforzaban la inspiración folklórica. Su movimiento fluido aporta ligereza a las siluetas, mientras que la sastrería relajada y las capas estructuran el conjunto, reafirmando el espíritu bohemio que define a Chloé.

El hair artist Anthony Turner llevó las ondas boho de los años 60 a nuevas longitudes y añadió joyería para el pelo en trenzas statement. Por su parte, el maquillaje de Yadim Carranza logró un efecto de “piel expuesta al aire libre”, con un blush natural que simulaba una tez ligeramente bronceada, utilizando Dew Bronze en Salt y Dew Blush en Spicy de Saie.






Roger Vivier CHOC: L’Architecture de la Séduction


Roger Vivier presentó CHOC: L’Architecture de la Séduction, una colección que pone al Talon Choc en el centro de una nueva reflexión sobre la feminidad como declaración de identidad. Bajo la dirección creativa de Gherardo Felloni, la sensualidad se entiende como elegida, deliberada y estructural: fuerte, no frágil ni decorativa.
El Talon Choc, conocido por primera vez en 1959, mantiene su esencia, concavo, escultórico y arquitectónico, juega con la ilusión de desequilibrio mientras ofrece soporte firme. Así, el tacón se convierte en metáfora de la mujer contemporánea: aparentemente delicada, pero con una base sólida y control absoluto.
La colección combina siluetas compuestas con detalles que refuerzan esta idea. Botines de napa negra, pumps con lazos metálicos y cristales reinterpretan la suavidad femenina en algo casi armadura, protectora y escultórica. Las versiones bajas del Choc aparecen en cuissardes bordadas y con hebilla, y botas por encima de la rodilla que alargan la figura.
La línea Rose Vivier se reinventa en cuero, con un nuevo bolso hecho a mano por artesanos que aplican pétalos de cuero uno a uno, creando profundidad y convirtiendo la artesanía en arquitectura. La icónica Belle Vivier se explora en nuevas interpretaciones de slingback en cuero y gamuza, mientras que el clutch mantiene la precisión arquitectónica de su hebilla.
Otros elementos destacados incluyen gilets bordados inspirados en los zapatos de Vivier de los años 50, con pasamanería trenzada y cristales, así como chalecos de esmoquin con botones metálicos cubiertos de pavé de cristal.
Con está colección, Roger Vivier reafirma una visión de feminidad deliberada y autónoma. En el corazón de la colección, el Talon Choc, representa a una mujer segura, seductora y distintivamente parisina.


Zimmermann celebra a las mujeres que rompen las reglas




Zimmermann presentó Trailblazer, una colección inspirada en mujeres reales: australianas que cruzaron continentes antes de que existieran caminos fiables, nadadoras, escritoras, aventureras que vivían con una naturalidad que ningún moodboard podría reproducir. El resultado es la marca en su punto más romántico y a la vez más terrenal.
El desfile abrió en lo que la diseñadora llama modo utilitario, jumpsuits estructurados, trajes de lana en tonos crema inspirados en el cricket y chamarras aviador de denim. La tensión entre la estructura masculina y la suavidad femenina se sintió intencionada. pañuelos de seda masculinos con motivos deportivos o de aviación fueron transformados en faldas y vestidos fluidos, una reclamación sartorial brillante.
A mitad del desfile, la colección cambió hacia una estética más íntima y femenina: lencería como outerwear, corsets, trajes de esmoquin adornados con encaje japonés y camisas de seda con mangas exageradas debajo de jumpsuits de denim.
El layering fue clave esta temporada, pieles, terciopelos y sedas combinadas para potenciar la versatilidad de cada prenda. Destacó un vestido wrap con paneles de encaje y estampado sobre denim ancho, un look emblemático que unía comodidad y elegancia Zimmermann. Las piezas en movimiento reflejaron vida real, bomber de cuero azul con falda de seda con volantes, jeans acampanados con faja atada con pañuelo, y cuero mahogany de pies a cabeza con paneles que se agitaban al andar.
La colección tambien incluia detalles Art Deco en motivos dibujados a mano sobre seda burnout y en vestidos de terciopelo con cortes geométricos y cascadas de georgette, evocando la sofisticación de la alta costura.
Los accesorios completaron la narrativa: mules de terciopelo bordado, la bolsa Cloud 91 reinterpretada en patchwork de pitón, y joyería con motivos de pájaros exóticos y charms personalizando bolsos, cinturones y collares. Cada elemento rindió homenaje a esas mujeres ingeniosas que inspiraron la colección.





La Metamorfosis de Chanel por Matthieu Blazy




Para Otoño-Invierno 2026, Matthieu Blazy continuó su diálogo con Gabrielle Chanel, deconstruyendo los clásicos tweed mientras proponía un nuevo traje Chanel. En esta colección, los sacos se quitaron literalmente de su relleno, dejando dobladillos crudos y cadenas decorativas que anclaban las prendas al cuerpo, creando piezas ligeras y dinámicas. La deconstrucción no sólo afectó a la ropa: Blazy busca liberar la maison, permitiendo que la marca respire con una contemporaneidad vibrante.
Inspirándose en la historia de Chanel, la colección tomó elementos de los años 20, 30 y 60: vestidos de cintura baja con cintas colgantes, tweeds inusuales, trajes cloqué y botones con formas de cacao, un guiño a Coco convivieron con reinterpretaciones modernas. Las mariposas y polillas bordadas en colores suaves reflejaron la idea de transformación que Gabrielle planteaba: del día a la noche, de la oruga a la mariposa.
Los looks de noche sorprendieron, cota de malla recortada en chaquetas y abrigos sobre impresiones de tweed, un guiño a Claude Monet y a técnicas de trompe l’oeil que Chanel nunca exploró. El cierre fue un pequeño vestido negro en jersey, con detalles de plumas en la espalda, conectando el principio y el final de la colección en un ciclo continuo de estilo Chanel.
Blazy logra así un Chanel donde la historia y la modernidad conviven, y la deconstrucción se convierte en un gesto creativo que redefine la elegancia de la maison para hoy.
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El pelo estuvo a cargo de Duffy quien creó french twists lisos, acentuados con extensiones cromadas que parecían espolvoreadas con brillantina. El maquillaje, a cargo de Yadim Carranza, incluyó sombras lavanda glitter en los párpados y labios súper glossy, complementando la modernidad de las prendas y el toque lúdico de las mariposas y polillas bordadas.





Miu Miu encuentra fuerza en el cuerpo humano





Miuccia Prada presentó un desfile para Miu Miu que giró en torno a una idea simple pero poderosa: la fuerza que existe en uno mismo. La colección partió de una reflexión casi filosófica sobre el cuerpo humano. Prada explicó que está fascinada con la “pequeñez del cuerpo en un sentido humano” y con el contraste entre nuestra presencia física y la inmensidad del mundo que nos rodea. Esa idea se reflejó en el escenario del desfile en el Palais d’Iéna, transformado en un bosque interior cubierto de musgo y helechos, y con columnas con brocados.
Mientras muchas casas esta temporada apostaron por siluetas voluminosas y hombros exagerados, Miu Miu tomó el camino opuesto. En lugar de expandir las prendas para llenar el espacio, las redujo. Las siluetas se ajustaron al cuerpo y los detalles se eliminaron casi por completo, salvo pequeños gestos como listones ligeramente torcidos colocados en el pecho, evocando las cintas de la lencería, la ropa más cercana al cuerpo. Cashmere hervido comprimido, linos arrugados con apariencia ligeramente desgastada y popelina de algodón elástico lavada repetidamente hasta lograr una textura con efecto de pilling como en el crepe.
La colección también retomó elementos del propio archivo de Miu Miu de principios de los años 2000. Esto se reflejó en los zapatos híbridos entre botas de hiking y tenis cubiertos de cristales, o tacones de punta redondeada con glitter. También aparecieron bombers de nylon cropped y pantalones acampanados con aberturas y cierres metálicos en los dobladillos, usados debajo de ligeros vestidos babydoll.
En algunos looks, estos vestidos se presentaron solos, enfatizando la fragilidad aparente del cuerpo, especialmente cuando se combinaban con sombreros trapper enormes con borde de shearling, que reducían visualmente la figura a proporciones casi caricaturescas. Sin embargo, Miuccia insistió en que la colección no trataba sobre vulnerabilidad. Al contrario, se trata de la fuerza en ti mismo.
La idea de simplificar y reducir tiene también resonancias históricas. Prada mencionó la influencia de Gabrielle Chanel, quien en los años 20 liberó el cuerpo femenino de estructuras rígidas. Prada, en cambio, busca liberar la mente. Esa conexión se reflejó en vestidos de inspiración flapper en tul, adornados con cristales que parecían joyas colocadas directamente sobre la tela, así como en abrigos de tweed con forros de lujo invertido, un gesto muy cercano tanto a Chanel como al propio lenguaje Prada.

En el beauty look de Miu Miu, un guiño directo a los noventa marcó la pauta: las diademas tipo peine regresaron como el accesorio clave del desfile. Minimalistas pero con actitud, enmarcaron el rostro y aportaron un aire effortless que anticipa su regreso como favorito entre las it-girls y en redes sociales.






Nicolas Ghesquière imagina una naturaleza surrealista para Louis Vuitton





Nicolas Ghesquière presentó una colección para Louis Vuitton que exploró la relación entre naturaleza, cultura y futuro. El desfile se llevó a cabo en la Cour Carrée du Louvre, donde el escenógrafo Jeremy Hindle creó un paisaje surrealista que interpretaba la naturaleza con una estética casi digital, como un ecosistema extraño encerrado en una especie de caja de Petri.
La colección partió de una idea que Ghesquière describió como una antropología a través de la moda, un recorrido por distintas culturas y formas de vestir moldeadas por los elementos naturales. Las siluetas montañosas y dramáticas se inspiraron en capas tradicionales de las estepas turcas llamadas kepenek, diseñadas originalmente para proteger del viento y la lluvia. Con hombros marcados y volúmenes imponentes, estas piezas se movían por el paisaje verde del set como figuras casi escultóricas.
El desfile continuó con looks que recuerdan distintas identidades rurales reinterpretadas desde el universo Vuitton: abrigos de shearling que recordaban a pieles de lobo, cuadros estilo lumberjack y blusas con olanes que evocaban referencias campestres. Sin embargo, lejos de ser una colección folklórica literal, Ghesquière incorporó elementos futuristas para construir lo que definió como un folklore del futuro.
Ese contraste se vio en accesorios y detalles tecnológicos: botones que parecían minerales pero estaban hechos con plástico impreso en 3D, bastones envueltos en el monograma de Vuitton y bolsos inspirados en los tradicionales bindles de viajeros. Incluso el cuero fue trabajado para parecer madera, creando una ilusión casi fantástica de materiales naturales transformados.
El calzado también jugó con esa dualidad. En lugar de botas de montaña tradicionales, algunas modelos llevaron zapatos tipo court con tacones que parecían lanzas de cuerno, aunque en realidad estaban hechos de resina.
Entre las piezas más llevables destacaron bombers cropped de cuero, abrigos cocoon de silueta redondeada y pequeños trajes estructurados. También aparecieron pantalones con olanes tipo pantalets bajo varios looks, que daban un aire inesperadamente contemporáneo.
Como suele suceder en las colecciones de Ghesquière, el desfile mezcló referencias nuevas con guiños a su propio archivo. Los vestidos collage algunos compuestos por más de 25 telas diferentes se posicionaron como piezas clave de la colección, recordando las siluetas experimentales que han definido su trayectoria.
El resultado fue una propuesta que combina paisajes familiares con algo claramente alienígena, una tensión creativa que Ghesquière ha convertido en su sello dentro de Vuitton. En un momento en que la maison celebra más de un siglo de su icónico monograma, el diseñador continúa empujando la narrativa de la marca hacia territorios inesperados. Una visión donde tradición, tecnología y naturaleza se fusionan en algo completamente nuevo: super naturaleza.






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