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The Real Deal: Coco Rocha

The Real Deal: Coco Rocha

THE REAL DEAL:

COCO ROCHA

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Coco Rocha siempre ha sido un referente en el mundo de la moda. A lo largo de casi dos décadas en la industria, ha construido una reputación como una modelo que se niega a permanecer en silencio—en la pasarela, frente a la cámara y detrás de ellas. Coronada como la “reina del posing” por su capacidad de transformarse, Rocha también se ha convertido en una defensora de los derechos de las modelos, una mentora a través de su Coco Rocha Model Camp, y una empresaria que redefine la longevidad en una profesión notoriamente efímera. En un momento en el que el mundo de la moda está en plena transformación, Rocha se erige tanto como testigo de su evolución como una fuerza activa en la creación de su futuro.

La supermodelo nacida en Toronto creció en Vancouver y admite que no supo lo afortunada que era hasta que se fue: “Vivir allí fue algo muy especial. No me di cuenta hasta que me fui, pero mis hijos se quieren mudar ahí cuando sean grandes”.

Coco es un libro abierto y habla con total franqueza sobre sus primeros años, sus experiencias en la industria, las razones detrás de la fundación de Coco Rocha Model Camp y cómo su religión ha ayudado a moldear su carrera.

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L’BEAUTÉ Eras bailarina de ballet cuando te descubrieron ahí, pero ¿cuál fue el momento en el que supiste que esta iba a ser tu carrera?

COCO ROCHA Creo que me tomó muchos años darme cuenta de que esto se estaba volviendo algo permanente. Tal vez tenía un poco de… ¿cómo se llama? Síndrome del impostor, en cierto sentido, porque hubo momentos en los que dejaba la escuela secundaria para irme a Asia por dos meses, hacía mis tareas, las enviaba por FedEx —esto fue antes de las redes sociales, claro— y luego regresaba a la escuela para ser de nuevo una chica de preparatoria. No sabía si podía decir que era una modelo o no. Ni siquiera se lo contaba a mis amigos. Estaba impresionada, pero sentía que no era realmente una modelo porque, al volver al colegio, no sabía si iba a continuar después. Pero mi mamá prácticamente me dio un ultimátum cuando estábamos en Nueva York y me dijo: “Al parecer esto va muy en serio, arece que esto va en serio, ¿te vas a quedar a hacer los desfiles y vivir en Nueva York, o te vienes conmigo y regresas a la escuela y a tu vida normal?”. Y creo que ese fue el momento que se me quedó grabado como el definitivo. Fue el momento en el que pensé, “Lo voy a hacer; me voy a quedar aquí a probar suerte en el modelaje”.

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¿Quiénes fueron las personas en la industria que realmente te inspiraron y apoyaron tu carrera al principio?

Tuve agentes muy buenos que vieron algo en mí que tal vez otros no vieron, pero muchas puertas se cerraron cuando llegué por primera vez a Nueva York. Incluso en Canadá, nadie decía: “¡Wow, ahí está esa chica!”. Pero entonces conocí a Steven Meisel y me ofreció un contrato exclusivo de seis meses con él. Él elegía mis trabajos, me fotografiaba en ellos; incluso decidía qué temporada de desfiles haría.

Y me di cuenta de que, para empezar, no entendía realmente quién era él; sabía que era importante, pero no comprendía el poder que tenía.

Seis meses después, cuando terminó el contrato, lo liberó. Y fue entonces cuando la gente empezó a decir: “Queremos trabajar con ella”, lo cual me pareció gracioso, porque había ido a esos mismos castings antes y a nadie le importaba; ni siquiera sabían mi nombre, solo decían: “Esa es la chica de Steven”.

Estoy muy agradecida por esos primeros días, por ese primer momento de fama en el que entendí que él fue la mayor influencia. Luego vino Jean-Paul Gaultier, quien me hizo bailar en su pasarela, y Anna Wintour, que lo llamó “el momento Coco” al incluirme entre las modelos top de los 2000.

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¿Cuál fue tu primer “encuentro” con la industria de la belleza y cuándo te diste cuenta de su importancia?

Diría que cuando trabajaba en sesiones con Steven, siempre estaba Pat McGrath presente. Nunca hice una sesión con él sin Pat McGrath. Verla dirigir una sala llena de maquilladores y decirles: “Este personaje es esta modelo, esta otra hará aquello”, y luego verla intervenir y terminar los detalles… para mí era muy artístico.

Venía del mundo del ballet, y aunque en el teatro también te maquillas, esto era otro nivel. Me sorprendía la cantidad de productos, bolsas y personal que llegaban al set. Me encantaba cuando viajábamos a Los Ángeles y veía las maletas de maquillaje de Pat McGrath salir del avión: boom, boom, eran tantas que había gente solo para cargarlas. Creo que esa fue mi primer acercamiento. Pero cuando sentí que tenía un papel importante fue con un perfume llamado Elle de YSL. Me dieron la campaña y me dijeron que competía con modelos muy reconocidas, y yo, siendo tan nueva… ahorame imagino que tal vez me escogieron quizá porque era la opción más económica jajaja, no sé. Pero fue mi primera campaña de belleza y descubrir ese lado del trabajo fue muy distinto al de un editorial.

Y hasta hoy, cuando veo a Pat entre bastidores, me emociono, porque todos mis mejores recuerdos de esos primeros años son con ella.

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Formaste parte de ese grupo de supermodelos de los años 2000, una época en la que siento que las modelos se convirtieron en algo mucho más que modelos.

Ustedes se apoyaban entre sí, o al menos así lo percibíamos. Se transformaron en celebridades porque eran una parte fundamental del mundo de la moda. ¿Cómo fue vivir eso?

Es curioso. Viviendo ese momento, no creo que alguna vez pensáramos en nosotras como algo más grande que la vida, ni siquiera como supermodelos. Sabíamos que éramos muy afortunadas por poder hacer todos los desfiles, y que no todas tenían esa oportunidad, pero para nosotras las verdaderas “más grandes que la vida” eran las supermodelos de los años noventa, porque ellas sí eran celebridades. La gente conocía sus nombres.

Nosotras no tratábamos de reemplazarlas; ellas ya estaban en los libros de historia. En cambio, sentíamos que éramos totalmente reemplazables. De hecho, muchos decían que nuestra generación era una especie de respuesta o contragolpe a las supermodelos, que éramos intercambiables porque todas nos veíamos iguales. Era una época muy distinta.

Pero, con el paso del tiempo, ahora veo que la gente siente fascinación por las modelos de los 2000, y me parece algo hermoso. Aunque vivirlo, en ese momento, no se sentía así.

Hoy, aquellas que seguimos activas, con carreras consolidadas y que hemos permanecido durante todo este tiempo, creo que tenemos algo en común. Esa es nuestra generación; esa somos nosotras. Fue una era previa a las redes sociales: tuvimos que aprender a crear negocios sin tener voz pública, y luego aprendimos a usar nuestra voz. Creo que somos una generación especial; tuvimos que aprender todo por nuestra cuenta.

Y tienes razón: éramos entre 40 y 60 modelos haciendo los mismos desfiles, y se formó una especie de hermandad. Sí, teníamos nuestras peleas, como en la secundaria —nos frustrábamos unas con otras—, pero siempre estábamos en el mismo equipo. No recuerdo a nadie decir: “nunca más volveré a hablarle”.

Aunque, curiosamente, a pesar de ser tan unidas, también teníamos miedo de hablar entre nosotras sobre los temas más oscuros. Guardábamos mucho para nosotras mismas.

Hoy en día, con las redes sociales, puedo escribir o hablar de cualquier tema, pero entonces no existía esa posibilidad. No querías quejarte. Casi nunca nos abríamos del todo. Fue una generación extraña en ese sentido.

Miro atrás con cariño porque tuvimos grandes momentos, grandes desfiles, imágenes icónicas… pero lo que sucedía tras bambalinas no siempre era tan lindo como la gente cree.

Era también una época en la que la gente se sentía con derecho a opinar sobre el cuerpo de las mujeres, a avergonzarnos, y lo decían abiertamente. Era brutal.

Recuerdo haber hablado en un programa donde se criticaban los diseños de los modistos, y decía: “Al menos ellos pueden cambiar algo, pero en el modelaje… bienvenidas a las críticas sobre su propio cuerpo, y eso no se puede cambiar”.

Cuando tienes 15 o 17 años y un adulto te dice lo que piensa de tu aspecto físico, es un comportamiento muy extraño. Y, aunque hoy las modelos siguen enfrentando eso, creo que ahora es más fácil denunciarlo, decir: “Oye, tal persona me hizo sentir incómoda, y voy a contarlo”.

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¿Y algo de todo eso te inspiró a crear Coco Rocha Model Camp?

Sí, aunque fue un proceso por etapas. En 2013, junto a otras personas del Model Alliance, ayudamos a cambiar la ley en Nueva York para proteger a las modelos menores de edad. Todo eso surgió a raíz de lo que habíamos vivido a comienzos de los 2000.

Más adelante quise crear una agencia de modelos en la que las modelos sintieran que su equipo realmente estaba de su lado, que su representación era humana y cercana. Durante ese tiempo, también comencé a entrenar modelos en distintas agencias. Los agentes me llamaban y me pedían: “¿Podrías enseñarles pasarela?” Y era me moría de risa, porque en esa época no existía algo como una “clase de poses”. Hace casi veinte años, simplemente lo inventamos. Yo pensé, “¿Cómo creo algo para que las chicas realmente aprendan a posar?”.

Con el tiempo, quise ir más allá: no solo entrenar a las modelos de las cinco agencias más grandes de Nueva York, sino abrirlo a cualquier persona, en cualquier parte del mundo, que quisiera aprender y mejorar su carrera.

En el primer campamento solo vinieron seis chicas. Pensamos sinceramente que haríamos uno más y listo. Y ahora estamos en el campamento número 153. Han pasado por él cerca de 6,000 modelos y hemos recibido alrededor de 50,000 solicitudes. Lo hacemos cada tres semanas. Enseñamos a las modelos todo lo posible sobre el negocio: contratos, derechos, cómo entender las agencias, criterios de selección, impuestos, contabilidad… cosas que jamás pensé que debía aprender el primer día.

Es todo lo que me habría gustado que alguien me enseñara cuando empecé. Pero existe esa creencia de que si una modelo quiere aprender, es casi patético, como si no se tomara en serio la carrera. Muchos padres piensan así también. No digo que seamos abogadas o doctoras, pero si quisieras que tu doctor fuera realmente bueno en su trabajo, tendría que estudiar para serlo, ¿no? Lo mismo con nosotras. Si somos la cara de industrias multimillonarias, ¿no sería lógico que existan modelos —hombres y mujeres— que sean rentables, que entiendan cómo manejar su carrera como un negocio? En lugar de ser solo “una cara bonita” que trabaja una temporada y luego es reemplazada por otra.

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¿Cómo describirías trabajar con tu esposo? ¿Cómo hacen que funcione?

Siento que mucha gente se pondría muy nerviosa con eso, porque quieren mantener las cosas separadas: la familia por un lado y el trabajo por otro. Pero para nosotros funciona. No conozco otra vida en la que no haya mezclado la familia y el trabajo. Cuando empecé a los 14 años, mi madre formaba parte de todo. Luego se volvió un poco más difícil para ella entender a dónde me dirigía, pero seguía involucrada; sabía todo sobre mi carrera, algo que la mayoría de los jóvenes no comparte con sus padres. Y luego, cuando conocí a un novio —que después se convirtió en mi esposo— tampoco hubo un momento en el que emprendiera este camino sola. Cuando James apareció, al principio, como pareja, tenía una visión muy distinta de la industria. Él no formaba parte de ella, simplemente decía que estaba rarísimo. Y fue maravilloso tener esa voz externa en el momento justo, porque yo solo escuchaba las ideas tradicionales del sector. Escucharlo decir, “¿Por qué no pruebas algo diferente?”, y probablemente sea la razón por la que sigo aquí hoy. No sé, simplemente funciona. Tenemos una mentalidad muy parecida. Si surge una oportunidad laboral, casi siempre terminamos la frase del otro sobre cuál es la mejor dirección a tomar. Si discutimos, rara vez es por trabajo. Y creo que si eso hubiera pasado al principio, no lo habríamos seguido haciendo juntos. Y prometo que nunca peleamos por temas laborales, solo por cosas del día a día, como quién dejó la tapa del inodoro levantada (risas). Es fascinante ver cómo, al principio, la gente no valoraba la participación de James ni su ayuda, solo porque era mi nuevo esposo y no conocía la industria. Y ahora, todos quieren consultarle casi sobre cualquier cosa, porque ha tomado decisiones muy inteligentes. No digo que siempre hayamos hecho todo bien, pero lo suficiente como para que hoy sea alguien respetado en el medio.

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¿Cuál dirías que ha sido el cambio más significativo en ti desde la maternidad?

Ah, la maternidad. Nunca tuve miedo de perder mi carrera ni de “esperar el momento adecuado”. Jamás sentí eso. Quería tener hijos relativamente pronto después de casarme, aunque finalmente esperamos cinco años. Y honestamente, cuando tuvimos a nuestros hijos, pensé: “Ojalá lo hubiera hecho antes.” Tuve esa sensación de: “Esto es lo que estoy destinada a ser.”

Y lo digo con toda honestidad: si tuviera que elegir un solo trabajo para hacer el resto de mi vida, sería ser madre. Lo amo profundamente. Podría alejarme de todo lo demás. Me resulta tan gratificante, tan divertido.

Claro, a veces sería más fácil dejar que pasaran algunos días con la abuela, pero me encanta estar con ellos 24/7.

No sé si he cambiado mucho. Creo que siempre tuve claro que lo más importante eran ellos, mi relación, mi esposo y luego mi carrera.

Aprendí eso muy temprano, cuando tenía 17 o 18 años y sufría agotamiento. No me sentía bien conmigo misma y decidí que nunca más dejaría que otra persona me hiciera sentir indigna o me empujara a hacer algo que fuera contra mis valores. Y eso, de alguna manera, también se trasladó a la maternidad.

Con las redes sociales, la gente a veces me dice cómo debería criar a mis hijos o qué hago mal. Es similar a lo que viví en la moda, pero ya no me afecta; aprendí a manejarlo.

Siempre hemos sido muy cuidadosos con la percepción que nuestros hijos tienen de nuestro trabajo. No quiero que piensen que mamá y papá están en una industria que solo se preocupa por la vanidad. Hacemos un gran esfuerzo para que entiendan que lo que hacemos es una forma de arte.

Y que, si alguien me dijera que no soy lo suficientemente buena, simplemente me daría la vuelta y seguiría adelante. Es lo mismo que enseñamos a los niños en la escuela. Quiero que sepan que no estoy en esta industria por las razones equivocadas.

Sus amigos ya les dicen, “tu mamá es modelo porque es bonita y le gustan las cosas lindas”. Y no quiero que piensen que eso es todo lo que hacemos. En nuestra casa no se permite usar la palabra “feo” para describir a alguien. Tampoco “gordo” o “viejo”. Les enseñamos a elegir mejor sus palabras. Espero que eso se mantenga y que lo entiendan.

¿La religión ocupa un papel importante en tu vida personal y profesional? ¿Cómo te acompaña?

Sí. Crecí como testigo de Jehová, o al menos rodeada de testigos. No me bauticé hasta mis veintitantos, porque quería que fuera una decisión propia, como lo hacemos los testigos: no hay bautismos infantiles, así que mis hijos tampoco están bautizados. Ellos decidirán en el futuro si quieren seguir ese camino.

Yo sí lo hice. Quería encontrar la forma de tener una carrera y una vida que pudieran coexistir. Y creo que por eso soy tan firme en mis decisiones.

Ha sido algo que, en muchos sentidos, me ha salvado. Ha habido momentos en los que la gente me decía: “Si haces esto, obtendrás aquello.” Y para mí era muy sencillo responder: “Esto es algo en lo que creo. ¿Por qué haría algo que contradice mis principios?” Así de fácil. ¿He perdido dinero por eso? Sí. ¿He dejado pasar oportunidades que podrían haberme hecho más famosa o exitosa? Probablemente. Pero una de las cosas por las que soy conocida en la industria —y que más me enorgullece— es escuchar que la gente dice: “Coco, tú nunca has cambiado.”

Y eso no es algo que muchas personas puedan decir en las artes o en el entretenimiento. La mayoría siente que tuvo que venderse para conseguir algo más.

Yo me siento muy orgullosa de haber mantenido mis convicciones. Y si puedo transmitir eso a mis hijos, hermoso; y si ellos deciden otro camino, también está bien. Lo importante es que comprendan que se puede hacer las cosas a tu manera.

Yo crecí en una generación a la que se le decía que había que hacer “lo que fuera necesario” para tener éxito. Y no. Los “no” que dices también construyen tu carrera. Lo creo firmemente. Si no defiendes algo, caerás por cualquier cosa. Eso lo veo mucho en las modelos que vienen a mi campamento. Tienen tanta hambre de éxito que les digo: “Cuidado. La ambición es maravillosa hasta cierto punto… pero también puede ser lo que te destruya.”

 

Por último, ¿cuál dirías que es tu spirit animal?

Esta es una respuesta medio en broma, pero hay un monito adorablemente pequeño llamado tití pigmeo, que literalmente cabe en tu dedo. No sé, cada vez que lo veo, pienso: “Tengo que detenerme y mirarlo, es lo más tierno del mundo.” Nunca me había imaginado a mí misma en forma de animal, pero por pura ternura, creo que ese sería el mío. También intento ser una persona fuerte, protectora con mis modelos y con mi familia, pero al mismo tiempo quiero ser siempre gentil y amable.

Así que dime tú qué animal encaja con eso. Incluso en Project Runway siempre me decían: “Coco, eres súper buena onda.” Y yo respondía: “Sí, lo soy.” Y se reían, pero es verdad. Quiero que la amabilidad sea mi forma de liderar, en todo lo que hago. Así que creo que mi animal sería un perro. Un perro leal. Un perro grande, amable, protector y fiel. Curiosamente, tenemos uno así: un Greater Swiss Mountain Dog. Es leal, es dulce, pero también muy protector.

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