La historia de la cosmética se escribe en femenino

La historia de la cosmética se escribe en femenino

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Pilar Turu

Conmemoramos a cinco mujeres que lograron transformar la poderosa idea de cuidarnos y ser la mejor versión de nosotras mismas, en una auténtica revolución.

La historia de la humanidad parece ser un todo masculino. Durante siglos, fue escrita por ellos, relatando sus triunfos y derrotas y el legado de muchas grandes mujeres se perdió bajo la fría firma de un ‘anónimo’. Pero hay un mundo en el que particularmente no pudieron quitarnos fuerza y es el de la cosmética.

Existe un grupo de mujeres emprendedoras que cambiaron las reglas del juego y que dejaron huella en el mundo de la belleza. Y hoy 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, consideramos que es un gran momento para celebrar sus logros y recordar por qué hicieron historia.

Si bien la cosmética ya no es exclusiva del género femenino, fue el elemento que permitió a muchas iniciar su propia revolución; mujeres que apostaron por nuevas e innovadoras formas de ver y compartir la belleza. Y es que hace apenas un par de siglos, ser dueños de empresas o liderar compañías, eran posiciones pensadas para el género masculino; por eso, el legado de las que fueron visionarias y lograron transformar realidades, sigue resonando.

«Nunca soñé con el éxito. Trabajé para llegar a él».

— Estée Lauder

Sara Breedlove, mejor conocida como Madame CJ Walker.

Una de estas grandes mujeres hechas a sí mismas –y la primer mujer millonaria en Estados Unidos– fue Madame CJ Walker. Hija de esclavos y madre soltera, fue una gran visionaria en el mundo de la cosmética.

Ella sufría alopecia y al notar que se le estaba cayendo el pelo, comenzó a experimentar con diferentes productos, hasta lograr una fórmula para que este volviera a crecer. La llamó ‘Wonderful Hair Gromer’. Gracias a su gran visión empresarial, su producto logró el éxito internacional; un imperio de más de tres millones de dólares y más de 40 mil empleados en Estados Unidos y Centroamérica.

Su historia aparece en más de 200 libros, ha protagonizado exhibiciones en museos, e incluso en Nueva York hay una calle que fue nombrada como ella en su honor. Esto, no solo por su producto revolucionario, sino también por su liderazgo y por ayudar a empoderar a las mujeres de color, así como motivar la inversión en proyectos liderados por mujeres.

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Elizabeth Arden.

Otra historia de éxito es la de esta legendaria empresaria que revolucionó la cosmética estadounidense haciéndola accesible para las mujeres modernas, pues hasta principios de 1900, los cosméticos más sencillos eran utilizados únicamente por la clase alta. Nació en 1884 en un pequeño pueblo cerca de Toronto, siendo la cuarta hija de un farmacéutico, y su primer trabajo fue como enfermera. Esto le permitió adquirir conocimientos muy profundos sobre la salud de la piel.

Arden creó productos innovadores bajo el concepto de que estos deberían beneficiar la piel y no enmascararla. Creía, que cualquier persona que se cuidara desde joven, envejecería con mayor atractivo y dignidad, y así, introdujo en Estados Unidos la primera línea completa de cuidados para la piel.  Además, de principios feministas, para ella el bienestar de la mujer y su independencia fueron prioridad. Fue una fiel seguidora del movimiento a favor del voto femenino, y entre otras historias que hablan de su apoyo a las mujeres, es sabido que entregó lipsticks rojos a todas las sufragistas, convirtiéndolo en parte del uniforme y símbolo de la independencia femenina.  Así, uno de sus productos estrella, se convirtió en referente femenino e ícono de la marca. 

En vida, creó un gran un imperio cosmético con 40 salones Elizabeth Arden por todo el mundo. 

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Helena Rubinstein.

Esta mujer también ha pasado a la historia por visionaria y por ser la creadora de un multimillonario imperio cosmético. De orígenes humildes, Rubinstein nació en el seno de una familia polaca de finales del siglo XIX, siendo la mayor de las ocho hijas de una familia judía del ghetto de Cracovia (Polonia). Quiso estudiar medicina, pero tuvo que dejar los estudios a los 15 años para ayudar a sus padres en una tienda de alimentos que tenían. Durante esa época, su madre la introdujo en el mundo de la belleza, enseñándole sus rutinas y compartiendo con ella algunos descubrimientos, como una crema creada por un farmacéutico local. 

Con tan sólo 20 años, tomó rumbo a Australia para vivir con un tío materno en un pequeño pueblo rural. Rubeinstein, empezó a llamar la atención entre las mujeres por tener una piel suave y tersa, en comparación a las pieles quemadas por el sol de las mujeres australianas. Esto le dio una idea de negocio y empezó a vender cremas caseras realizadas de la mano de un farmacéutico local. Fue la primera en hablar de los diferentes tipos de piel (normal, grasa o seca), y de la necesidad de las rutinas de belleza de día y noche. Además, pasó a la historia por haber inventado uno de los cosméticos más revolucionarios: la máscara de pestañas waterproof, elemento imprescindible de la cosmética actual.

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Estée Lauder.

Otra audaz empresaria cosmética, fue ella. Nacida en Nueva York, en el mítico barrio de ‘Queens’, e hija de padre checoslovaco y madre húngara, Estée descubrió su vocación desde muy joven gracias a su tío; un químico húngaro propietario de una pequeña farmacia en Nueva York. Poco a poco fue aprendiendo sobre la formulación de las cremas faciales, creando así los primeros ungüentos en la cocina de su casa, para después venderlos en un salón de belleza de su barrio.

Poco a poco fue expandiendo la venta de sus productos a más salones, centros comerciales, e incluso a través de la apertura de nuevos puntos de venta en otras ciudades y estados. Perfeccionando la técnica y ampliando el portafolio de productos de la firma, consiguió crear una compañía que cotizó en bolsa y que le valió ser la primera mujer americana condecorada con la Legión de Honor en 1978. Hoy en día, Estée Lauder es líder mundial en el sector de la belleza, está presente en más de 150 países, y además, es propietaria de marcas como Clinique, Origins,Tom Ford, La Mer, M·A·C Cosmetics o Aerin, la firma de su nieta.

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Anita Roddick.

Mucho antes de que se popularizara el concepto de «maquillaje vegano», fue precursora de este movimiento. La fundadora de The Body Shop, fue revolucionaria en el mundo de la cosmética al pensar que las empresas podían tener un impacto positivo en la sociedad y el planeta. Su enfoque de la belleza era radicalmente diferente al de las grandes empresas del sector, y se propuso algo muy sencillo: obtener ingredientes naturales y éticos de todo el mundo y vender sus productos en envases sencillos y rellenables. Fue así, que sus productos se posicionaron como los primeros productos de belleza no testados en animales en los años setenta, y los más amigables con el planeta. Promotora del comercio justo, activista en derechos humanos y defensora del medio ambiente, Roddick dio un giro en el mundo de la belleza.

Veinticinco años después de la inauguración de la primera tienda, y tras salir a La Bolsa en 1984, The Body Shop es una de las mayores y más exitosas cadenas de franquicias del mundo, con más de 3 mil tiendas alrededor del mundo.

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