El Gran Desfile de Otoño de El Palacio de Hierro: nuestros looks favoritos entre México y Francia

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El Gran Desfile de Otoño de El Palacio de Hierro: nuestros looks favoritos entre México y Francia
Sophia Pedrosa López
La moda mexicana y el savoir-faire francés se encontraron en una misma pasarela. Entre sastrería, volúmenes, flores y una propuesta de beauty que pasó del clásico labio rojo a inesperados acentos de azul, estos fueron los looks que definieron la noche.
El 23 de septiembre, El Palacio de Hierro llevó su Gran Desfile de Otoño a Plaza La México como parte de su temporada México–Francia, una celebración en torno a los 200 años de relaciones entre ambos países. La pasarela reunió firmas como Alaïa, Ami Paris, Balmain, Chloé, Christian Louboutin, Courrèges, Etro, Isabel Marant, Longchamp, Macario Jiménez, Maje, Missoni, Pucci, Sandro, Stella McCartney, Swarovski, Ulla Johnson y Victoria Beckham, entre otras.
Más que construir una lectura literal de ambos países, el desfile encontró el punto de encuentro en los códigos. La sastrería apareció relajada y en capas; las siluetas femeninas se movieron entre estructuras limpias y volúmenes casi escultóricos; y, hacia la noche, el negro, el blanco, los corsets y las transparencias dieron paso a una propuesta más teatral. El cierre llevó el color, el encaje y el satín al centro de la pasarela.

Nuestros looks favoritos
Uno de los momentos más interesantes llegó con la reinterpretación de la sastrería. Trajes de tres piezas, pantalones amplios, corbatas y blazers dejaron atrás cualquier rigidez corporativa. Los tonos café, gris y chocolate reforzaron el aire otoñal, mientras las proporciones relajadas hicieron que el tailoring se sintiera actual. Guantes, pendientes dorados y labios rojos terminaron de convertir un uniforme tradicionalmente masculino en uno de los códigos femeninos más fuertes de la noche.
En contraste, el volumen se convirtió en protagonista. Un vestido strapless de líneas depuradas cambia por completo al llegar a la falda, construida mediante capas de textura floral en blanco, verde, rosa y tonos tierra. El abrigo llevado sobre los hombros introduce una estructura más severa y evita que las flores caigan en lo romántico: aquí funcionan casi como arquitectura.
La misma idea de dramatismo tomó otra dirección con el vestido de tul intervenido por aplicaciones negras. La transparencia y el movimiento de la falda chocan con formas oscuras que parecen extenderse sobre el cuerpo. Es uno de los looks más teatrales de la selección y también uno de los que mejor representa el juego de contrastes que atravesó la pasarela: delicadeza frente a estructura, ligereza frente a oscuridad.
Beauty: rojo clásico vs. azul eléctrico
El beauty siguió exactamente la misma lógica. Por un lado, piel fresca, peinados pulidos y labios rojos funcionaron como hilo conductor. El pelo recogido con raya al centro dejó el rostro completamente expuesto y permitió que el lipstick se convirtiera en el punto de color. Junto con los pendientes dorados de gran escala, el resultado tenía referencias clásicas, pero sin sentirse retro.
Y entonces apareció el giro inesperado: azul eléctrico alrededor de los ojos. La sombra saturada, extendida tanto en el párpado superior como debajo de las pestañas inferiores, rompió deliberadamente con los tonos neutros del vestuario. El resto del rostro permaneció prácticamente limpio y los labios naturales, dejando toda la intensidad concentrada en la mirada. Con el pelo largo, ligeramente ondulado y dividido al centro, el resultado se sintió mucho más gráfico que glamuroso.
Esa dualidad terminó definiendo la propuesta de beauty: el rojo como gesto de elegancia y el azul como elemento de ruptura. Dos códigos de color muy distintos que acompañaron una colección donde lo clásico tampoco apareció intacto.
Una pasarela construida desde el contraste
México y Francia aparecieron finalmente no como dos estéticas separadas, sino como el marco de una conversación más amplia sobre moda. Sastrería y corsetería, flores y transparencias, líneas masculinas y volúmenes femeninos, labios rojos y párpados azules convivieron en una pasarela que hizo del contraste su principal recurso visual.
La noche cerró con las luces formando los colores de las banderas de México y Francia y un espectáculo de pirotecnia sobre Plaza México, haciendo explícito el diálogo que había recorrido la pasarela desde el primer look.








