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Un escape romántico y renovador en El Santuario

Un escape romántico y renovador en El Santuario

Por Alexis López

Se cumplen dos años de estar al lado de mi mejor amigo y esposo, Rafa. Y qué mejor que darnos una escapada romántica —y espiritual— en El Santuario Resort & Spa. Ubicado en una montaña de cuarzo y granito, a la orilla del lago de Valle de Bravo, fue el plan ideal para relajarnos y recargarnos de energía positiva.

Lo que no sabías

Michel Domit, la mente, el creador y el genio detrás de este increíble proyecto hotelero, es el vivo ejemplo del ‘renacer’. A lo largo de su vida ha sabido superar los obstáculos y los momentos más difíciles que ésta le ha traído, creando un espacio sagrado desde sus raíces hasta su esencia. Después de una meditación reveladora escalando el Himalaya, conceptualizó un lugar más allá de un hotel, un hospital para el alma.

Cada paso, cada piedra, cada recoveco, esconde una razón de ser. Símbolos ocultos que uno empieza a percibir y a comprender conforme va experimentando todos los momentos que este espacio tiene para ofrecer.

Es muy difícil describir mi experiencia en El Santuario porque va mucho más allá de lo tangible; la forma más sencilla de contarlo es haciendo un viaje sensorial…

Lo que olí

Apenas llegamos, y antes que nada, nos hicieron una limpieza de los chakras. Ojos cerrados, brazos abiertos, humo, incienso y un gong… la bienvenida perfecta para comenzar un fin de semana que reforzó nuestra relación al llevarnos por un viaje espiritual.

«El día a día en una ciudad tan ajetreada como la nuestra, evita que nos detengamos a pensar en cómo se siente nuestro cuerpo y mente. Esta experiencia fue perfecta para volver a escuchar mi voz interior».

—Rafa

Lo que vi

Nos encontramos con un hotel sostenible construido en completa armonía con la montaña —con adobo y materiales orgánicos—, casi como si fuera esculpido sobre ella, inmediatamente tuve una sensación de equilibrio con la naturaleza, como si fuéramos uno solo.

Empezó nuestro recorrido subiendo por la serpiente (que simboliza ‘el renacer y la renovación’) hasta llegar a nuestra Master Suite —la 46—; uno de los exclusivos cuartos que forman una cascada como si uno ascendiera hacia el conocimiento interior y que tiene una hermosa vista al lago… ¡y jacuzzi privado!

Lo que oí

Siempre había tenido ganas de ir a un Temazcal, había escuchado cosas increíbles y aún así nunca podría haberme imaginado algo remotamente apegado a la realidad. Es una experiencia que no tiene palabras, pero si las tuviera, serían: Renacer. Transformación. Liberación.

Nuestro guía espiritual y sonoterapeuta, Osiris Heyerdahl, dirigió el ritual que comienza con una limpieza interior. Una vez sentados dentro del ‘útero’, el Maestro nos realizó un baño con plantas medicinales, y le dio vida a las piedras volcánicas al encenderlas rociándolas con esta misma mezcla herbal, y es aquí en donde comenzaron los cánticos ceremoniales que invocan a ‘los abuelos’ y que nos llevaron a una meditación profunda que nos encaminó al auto-descubrimiento en una burbuja de vapor.

Altas temperaturas, vibraciones sónicas, y cuatro puertas después, renací.

Nos paramos bajo la cascada de agua helada proveniente de la misma montaña, y después nos metimos al jacuzzi para relajarnos y beber un delicioso té de piña (me urge tener esa receta).

Lo que probé

Después de un largo día lleno de emociones y energía, llegó la hora de complacernos con una cena romántica para celebrar. Rafa y yo disfrutamos muchísimo comer (a veces demasiado…) y qué privilegio gozar de un delicioso menú en el restaurante NA-HA a cargo del chef Alejandro Zuno. El tartar de atún y el salmón con costra de semilla de cilantro fueron sin duda los platillos estrella.

Lo que sentí

El broche de oro a un fin de semana increíble, fue consentirnos con el Masaje Santuario, el insignia del spa que se ha encargado de reunir tradiciones ancestrales de diferentes regiones para sanar el cuerpo, mente y espíritu.

Además de relajar, mejora la circulación, ayuda a la digestión, y elimina las sustancias tóxicas al estimular el sistema linfático; todo a través de una combinación a la perfección de técnicas. Comienza con un masaje a través de vibraciones, después incorpora movimientos japoneses basados en conceptos medicinales de China y termina con una terapia geotermal con piedras calientes.

El Santuario fue el escape de la ciudad que necesitábamos. Un espacio que realmente crea una convivencia entre el hombre y la naturaleza. Un viaje que comenzó increíble y que terminó siendo uno de los momentos en los que más me he conectado con mi esposo, pero en especial, conmigo misma.

Hot Spot

 

Me hospedé en: El Santuario Resort and Spa 

Mi platillo favorito: Tartar de atún

Mi momento favorito: Temazcalli con el Maestro Osiris

Mi vista favorita: El laberinto del mirador

Me time: El Masaje Santuario

Fotografías: Alexis López

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